06 de Julio de 2022

Berazategui y el vidrio: una unión que arrancó con los Rigolleau y no se rompió hasta el presente

Berazategui. Historias de mi barrio
·
28 de agosto de 2021

La «Capital Nacional del Vidrio» mantiene vigente la impronta de los pioneros que ayudaron a forjar el distrito y le da espacio a nuevos talentos a través de un museo y de la única escuela de Latinoamérica íntegramente dedicada al rubro.

El vidrio permite tanto ver qué ocurre del otro lado como crear una nueva realidad, depende de cómo se lo trabaje. Y es justamente esa multiplicidad de formas lo que lo vuelve útil y atractivo tanto a la hora de utilizarlo en la vida cotidiana como para transformarlo en una obra de arte.

Si hay un distrito que sabe del tema es Berazategui, considerado la “Capital Nacional del Vidrio”. Pero para llegar a ese punto hubo un largo camino que comenzó allá por 1870, con la llegada al país de un joven francés llamado León Rigolleau.

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Luego de algunos trabajos esporádicos, siguió la impronta familiar y abrió en Capital Federal una librería y papelería. En paralelo, se dedicó a la venta de tintas, actividad que le permitió descubrir un nicho que cambió su vida.
Como no había suficientes tinteros disponibles, ya que no se importaban recipientes de vidrio, se le ocurrió empezar a fabricarlos directamente él.

El primer paso fue convocar a Gastón Fourvel Rigolleau, su sobrino. Pero no lo hizo viajar de inmediato. Primero le pidió que antes se instruyera con su familia en el arte del vidrio, ya que los Fourvel tenían una importante historia en ese “métier”.

Arte en estado puro, en el Museo del Vidrio de Berazategui.

Una vez realizado el entrenamiento, el sobrino quinceañero de Rigolleau llegó al puerto de Buenos Aires y se sumó al emprendimiento de su tío. En paralelo, León había contactado a los obreros de la cristalería La Nacional, una empresa de Balvanera que había cerrado en 1880.

Como ellos se habían quedado con la materia prima a modo de indemnización, la Cristalería Rigolleau nació, en 1882, aprovechando incluso los dos hornos de la antigua fábrica. El comienzo no fue sencillo por la falta de algunos materiales que debían llegar desde el extranjero. A lo que se le sumó una tormenta que destruyó parte del espacio físico. Pero, lejos de darse por vencido, los Rigolleau salieron adelante.

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Primero a través de la producción de frascos y luego le sumaron las botellas, su gran acierto y lo que terminó generando el primer gran cambio para la cristalería que para 1893 ya contaba con una fábrica que se extendía a lo largo de ocho mil metros cuadrados y en la que trabajaban quinientos operarios.

En 1899, el pionero León Rigolleau dejó la compañía en manos de su sobrino y regresó a vivir a Francia para disfrutar de un retiro acomodado. Y fue justamente Gastón quien puso en marcha la mudanza a Berazategui.

La llegada a Berazategui de la fábrica de vidrios

En 1906, Rigolleau le compró a José Clemente Berazategui cien mil metros cuadrados de tierra. La elección del lugar no fue caprichosa. El principal cliente del proveedor de vidrio era la cervecería Quilmes.

La construcción de las nuevas fábricas, de vidrios, de cristales y de botellería, tenía su logística complementaría, que incluía la edificación de galpones a un costado de la vía del ferrocarril y la gestión para que el tranvía que iba hasta Quilmes continuara hasta Berazategui.

El museo está ubicado en Calle 23 y 149.

La transformación de zona agropecuaria a ciudad industrial comenzaba a tomar forma por el impulso de los emprendedores del vidrio. Y, en poco tiempo, el complejo fabril incorporó mil quinientos trabajadores, la mayoría de ellos inmigrantes belgas.

Gastón Fourvel-Rigolleau se jubiló en 1931 y fue sucedido por su hijo León. La década del treinta aportó un nuevo emprendimiento: la creación de una sección artística para diseños con vidrio. Y así fue como la compañía expuso sus productos en varias muestras internacionales.

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Con los años llegó también un nuevo producto que se hizo muy conocido: el pyrex, un vidrio hecho con elementos térmicos que permitían su uso en laboratorios, cañerías de líquido caliente, tubos para faroles y las muy conocidas fuentes para ser usadas en el horno.

Otro personaje por pasó por Rigolleau y dejó su impronta fue Enrique Shaw, quien llegó a ser director de la fábrica y en mayo de este año fue declarado venerable por el papa Francisco, paso previo a ser considerado Santo. Durante su paso por la cristalería supo tener a cargo a más de 3.500 empleados y, debido a su fe católica, decidió fundar la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

El museo y la escuela del vidrio

En el Complejo Municipal San Francisco, ubicado en Calle 23 y 149, en lo que se considera el núcleo fundacional del distrito, se concentran el Museo Histórico y Natural de Berazategui, el Museo del Vidrio y el Centro de Documentación y Archivo, además de la Escuela Municipal del Vidrio.

A partir de 1995 comienza a trabajarse en la recuperación edilicia del almacén de ramos generales y vivienda de la familia Traverso ubicada en la calle 23 y 149 del Barrio San Francisco, en vistas a su puesta en valor como complejo museológico.

El museo expone las colecciones donadas por los Rigolleau.

El conjunto arquitectónico, de estilo italianizante, con fachadas de ladrillo de contenidas ornamentaciones, habitaciones amplias y luminosas, es exponente de la arquitectura de servicios de las familias inmigrantes, que tanto aportan a la cultura del trabajo y al desarrollo local.

Las tareas de recuperación edilicia permitieron que el 15 de abril de 1997 el museo reabriera sus puertas en este conjunto arquitectónico de 800 metros cubiertos, conformado por la vivienda y el almacén, una espaciosa barraca, caballeriza y dependencias anexas integrados por un amplio parque.

El espacio incluye la galería cerrada y una sala con objetos-testimonio que refieren a la evolución del partido en los campos educativo, social y cultural. Se reseña además la actividad productiva inicial, signada por el desarrollo de chacras, quintas y tambos para la explotación lechera y la industria vidriera que marca su impronta en la localidad a partir de la instalación de los Rigolleau.

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En la sala se exponen las colecciones donadas por la Cristalería Rigolleau y por Ivonne Necol, junto a cañas de soplado, matrices, moldes de hierro, herramientas y fotografías que dan cuenta del crecimiento sostenido de la ciudad alrededor de la planta fabril. La sala cocina exhibe características particulares: detenida en el tiempo, con sus desgastados pisos de ladrillo, el fogón y los enseres originales, acercando al visitante al Berazategui de ayer.

La Escuela Municipal del Vidrio nace a fines de la década del ‘80. Se trata del único en su tipo en Latinoamérica y a través de los años se convirtió en un obligado punto de referencia para artistas y artesanos de todo el continente. El objetivo es consolidar una vertiente de expresión artística y, al mismo tiempo, una oportunidad en el mercado laboral.

El orgullo de Berazategui, la «Capital Nacional del Vidrio».
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