Vende fiado y ayuda a padres y alumnos: la historia de Frente al Colegio, el kiosco que es un ícono de Florida

Vicente López. Historias de mi barrio
·
2 de abril de 2024

Pabo Kiszka atiende su negocio enfrente del Santa Teresita y a la vuelta del Florida Day School. Los padres le confían a sus hijos y las reuniones sociales en sus mesas de la vereda ya son un clásico de la zona.

El personaje en cuestión se llama Pablo Kiszka y es el dueño del kiosco «Frente al Colegio», en José María Paz entre Roca y Urquiza, en Florida, frente a la puerta del Santa Teresita y a la vuelta del Florida Day School, dos históricas instituciones de Vicente López y toda la zona norte del GBA. Y lo llamativo es que en 10 años logró que su comercio sea un ícono del barrio para padres, alumnos y vecinos del lugar.

¿Como lo hizo? Entre otras cosas por acordarse de los nombres de 600 o 700 pibes, las fechas de sus cumpleaños, de qué cuadro son, en qué materias les va más flojo que en otras, fiarles a los padres, ayudarlos a conseguir los libros que necesitan y tener tan buena onda, Pero mucha buena onda puesta al servicio de que miles de personas que lo adoran.

Florida: el kiosco del Pablo, un ícono del barrio

Futbolero y fanático de River (los posters de Gallardo, Ponzio y Maidana que decoran el local dan testimonio de esto), Pablo saca pecho y dice que no haber perdido «ni un cliente hincha de Boca por ese motivo porque acá nos hacemos bromas, pero con respeto», cuenta el nacido en Beccar y que saca pecho afirmando que el Chacho Coudet, actual DT del Inter de Brasil, era suplente suyo cuando de pibes jugaban juntos en Platense.

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Y es cierto, chicana va, chicana viene, la redonda siempre está presente. Las bromas pueden ser con cualquiera de los pibes, padres o el Toti Pasman, el conductor radial y televisivo, confeso hincha del xeneize, que es cliente del kiosco.

La imagen de todos los días, con el kiosco de Pablo lleno de madres, padres y pibes del los colegios de la zona.
La imagen de todos los días, con el kiosco de Pablo lleno de madres, padres y pibes del los colegios de la zona.

Cuando hace 10 años Pablo abrió su comercio siempre supo que iba a funcionar. «Fe me sobraba», dice. Lo que seguramente no sabía cuando levantó la persiana por primera vez era que su kiosco se transformaría cas en un punto de encuentro, un sitio referencial, un ícono del barrio que él mismo moldeó.

«Acá es el hombre orquesta, es un anfitrión súper estelar con chicos y grandes al punto que gracias a él en estas mesas se han formado verdaderos grupos de amigos en estos años», dice Fabián Polito, papá de un ex alumno del Santa, pero que sigue yendo religiosamente cada mañana a desayunar «a lo de Pablo», junto a otros ex.

Para muchos padres, el cafecito en el kiiosco de Pablo, en Florida, es casi una religión antes o después de la salida de los pibes del colegio.
Para muchos padres, el cafecito en el kiiosco de Pablo, en Florida, es casi una religión antes o después de la salida de los pibes del colegio.

La apertura del kiosco cambió el foco del día a día colegial. Hoy todo pasa «en lo de Pablo». Un café matinal, otro de merienda, el almuerzo de los pibes en la mesitas al aire libre, las hamburguesas de los viernes que ya son un clásico, las esperas de aquellos a quienes sus padres no llegan a buscar a tiempo a la salida… Todo.

«Por mis horarios laborales no puedo llegar justo a la salida de los chicos, pero mis hijas ya saben se cruzan a lo de Pablo y me esperan ahí. Ellas está seguras y yo me quedo tranquila», dice Marina, mamá de Victoria y Emilia. Jorge Maitini, papá de Isabella, cuenta: «Resuelve todo. Se acuerda de cuáles son los libros usados que necesitan los chicos y entonces va conectando a los padres para que nos los pasemos cada año a un precio mucho más barato que si fuesen nuevos».

Pablo abre el kiosco cada díía a las 6 de la mañana y lo cierra a las 19, 13 horas después. 'Hay que laburar', repite como mantra.
Pablo abre el kiosco cada día a las 6 de la mañana y lo cierra a las 19, 13 horas después. ‘Hay que laburar’, repite como mantra.

Otro de los ítems destacados que hay «lo de Pablo» es que acá se fía. «Muchos chicos me pagan las viandas una vez al mes, o también las golosinas. La situación económica no está bien y hay que acompañarlos. Confío en ellos, en sus padres y creo que eso es recíproco», cuenta Kiszka, un obsesivo por el orden y la limpieza de su kiosco. «Calidad, orden, limpieza y buenos precios», repite. «Prefiero vender más barato y que me compren todos«, afirma el vecino de Vicente López.

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«Acá lo importante es que todos estén contentos, atender con una sonrisa y buena onda hace que empiece y termine bien el día. Me sirve a mi a nivel personal, y creo que les sirve a ellos, que saben que pueden contar conmigo«, cierra Pablo, que para festejar su primera década prepara una sorpresa que pronto se encargará de revelar.

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