La tragedia del autor de uno de los centros más famosos del fútbol argentino: murió muy joven, pobre y deprimido
Hay una hinchada del fútbol argentino en la que no pasa inadvertido el nombre del uruguayo José Jorge González. Marcador lateral, fue un emblema rioplatense en los años 60 y 70. El recuerdo de un partido de novela.

La tragedia de José Jorge González, un símbolo de Rosario Central.
Si a un hincha de River se le pide que elija a un uruguayo, dirá Enzo Francescoli o, en caso de ser veterano, Walter Gómez. El de Boca se inclinará por Sergio Martínez o Severino Varela, si conoce mucho de la historia del club. El de Racing se pronunciará en favor de Rubén Paz, el de Independiente lo hará por Ricardo Pavoni, el de San Lorenzo votará a Sergio Villar, el de Gimnasia recordará a Guillermo Sanguinetti, el de Lanús a Gilmar Villagrán y el de Banfield a Josemir Lujambio… Para el de Rosario Central no habrá dudas: su oriental de referencia es José Jorge González.
Billy González, nacido el 27 de junio de 1944, fue un destacado marcador lateral de los 60 y 70. Es el que suma mayor cantidad de partidos oficiales en la historia del Canalla y el extranjero que más jugó en nuestro país. Su última etapa en Primera fue en Vélez, donde sufrió una recordada agresión de Daniel Passarella. Le costó mucho el retiro, tuvo un divorcio doloroso y falleció a los 46 años, en condiciones hoy inimaginables para un profesional con su recorrido.
El Negro González, un histórico de Rosario Central
González debutó en Primera con Racing de Montevideo, su ciudad natal, en 1963. Desembarcó en Rosario a los 21 años y el 6 de marzo de 1966, en su estreno con la camiseta auriazul, fue protagonista de un valioso triunfo 1-0 ante una poderosa formación de River. Esa tarde, en la que tuvo de compañero a Carlos Timoteo Griguol, el técnico Manuel Giúdice lo ubicó en la banda izquierda para marcar a un peligroso compatriota, Luis Cubilla.
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Su aplicación para la marca, el criterio para pasar al ataque y una fortaleza física a prueba de lesiones lo volvieron un infaltable en las alineaciones de Central. Se consolidó como número 4 en una defensa caracterizada por su firmeza. Formó una sólida línea de fondo junto a Alberto Luis Fanesi, José Agustín Mesiano y Jorge Carrascosa. Delante de ellos patrullaba Antonio Ángel Landucci, el Flaco, y atajaba Ramón Quiroga, luego nacionalizado peruano.

En el Nacional de 1970 estuvieron al borde del título. Cayeron 2-1 en la final ante Boca, en un dramático tiempo suplementario. Se les dio un año después, en otra definición infartante con San Lorenzo. Previamente, en la semi, vencieron 1-0 a Newell’s Old Boys, en uno de los clásicos más recordados: el de la palomita de Poy. González mandó el centro desde la derecha para la cabeza goleadora de Aldo Pedro.
José Jorge González, dos veces campeón con Central
El Canalla repitió la vuelta olímpica en 1973. González permanecía firme en un costado, con Carlos Biasutto bajo los palos y una dupla granítica de zagueros centrales: Aurelio José Pascuttini y Daniel Pedro Killer. Con Carrascosa ya en Huracán, el 3 era Juan Antonio Burgos, santafesino de San Cristóbal. Como técnico arrancaba un joven Griguol. De los relevos defensivos se ocupaba Carlos Daniel Aimar.
Además del récord de presencias en Central (521, incluidos los internacionales) y de su condición de foráneo con más encuentros disputados (565) en la máxima categoría de los torneos argentinos, González es también el que más veces (41) jugó el gran clásico de la ciudad. Cualquier futbolista con esos pergaminos hoy aseguraría su vida y la de los familiares cercanos.

Al Negro González le tocó otra época y el período inmediatamente posterior a su alejamiento de las canchas fue muy duro. La disolución de su matrimonio, las amistades que de golpe desaparecieron, el teléfono que dejó de sonar… Volvió a trabajar como panadero. A las dificultades económicas le sucedieron los problemas personales y las consecuencias fueron letales. Pobre, deprimido, el uruguayo murió el 2 de mayo de 1991, a los 46 años.
José Jorge González fue figura y capitán de grandes equipos e hizo una campaña con números que impiden cualquier olvido.







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