19 de Mayo de 2022

En Temperley vive el especialista que conoce los secretos para restaurar un Escarabajo

Lomas de Zamora. Historias de mi barrio
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18 de julio de 2021

Daniel Jacobi es un apasionado por su trabajo que ganó premios en distintas exposiciones por respetar las características de los modelos que arregla. Heredó el taller de su padre y se especializó en el clásico de Volkswagen.

Al dicho, «lo que se hereda no se roba», Daniel Jacobi, vecino de Temperley de 51 años, le sumó el «se mejora». Hijo y hermano menor de trabajadores del rubro de la chapa y la pintura de autos, una fatalidad lo llevó a sumarse al local familiar del barrio San José, también en Lomas de Zamora. Poco tiempo después descubrió que lo suyo tenía un toque especial y se convirtió en uno de los mejores restauradores de Volkswagen Escarabajo del país.

«Mi pasión por este trabajo tan lindo que me toca transitar a diario se debe un poco al destino y un poco a la suerte. Cuando en 1994 murió Guillermo, mi único hermano, por una cuestión de afecto hacia Godofredo, mi padre, largué todo y me vine con él. Tenía 24 años y para apoyarlo y estar cerca suyo y de María Rosa, mi madre, me puse a trabajar en el taller».

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Lo que el vecino de Temperley cataloga como azar, tiene que ver con su ingreso al mundo de los Volkswagen Escarabajo, conocido originalmente como Tipo 1 y que en el mundo también llevó el nombre de Käfer, Beetle, Sedán, Fusca o Vocho.

Nacido en Alemania de la mano de Ferdinand Porsche, luego creador de la tradicional firma automotriz, se fabricó entre 1938 y 2003, período en el que se llegaron a vender más de 21 millones de autos. Considerado un clásico que trascendió generaciones, hasta tiene su propio Día Mundial del Escarabajo, que se celebra el 22 de junio.

Godofredo, Daniel y Silvio, un colaborador, con una combi bicolor furgón 1965.

«Pasado un tiempo relativamente corto desde mi ingreso al taller, año y año medio, y por eso hablo de suerte, conocí a un hombre totalmente enfermo por este tipo de autos. Y eso me despertó una pasión rara porque se trababa de un tipo muy prestigioso en lo que hacía y me llamó la atención que una persona inteligente, joven y con un muy buen pasar hasta le pusiera nombre a su coche», contó a Zonales Jacobi.

«Tenía una colección de tres Volkswagen Escarabajo y un Porsche 911. Después de vernos trabajar, me dijo: ‘No podés desperdiciar la mano de obra que tenés’ y me incitó a adquirir un auto y a presentarlo en exposiciones de los clubes de esa época. Gracias a que me insistió tanto, compré mi primer autito y lo empecé a restaurar con el apoyo de Graciela, mi mujer, que me bancó. Siendo docente me pagaba hasta la nafta para venir al taller en ese momento», completó el tres veces ganador del premio que entrega AutoClásica.

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Luego de estar casi un año trabajando en paralelo en su coche y en el del cliente, presentaron ambos autos en una exposición y todos quedaron enloquecidos con el trabajo del restaurador de Temperley. Después de eso, no pasó mucho tiempo para que le empezaron a llegar pedidos de distintos fanáticos del modelo.

Con el sello de Jacobi: un Volkswagen Escarabajo modelo 1303 del año 1979.

«En aquellos primeros años casi que no había Internet, así que era cuestión de agarrar los libros y ponerse a investigar. Me llamó poderosamente la atención que un auto tan modesto haya movilizado tanto al mundo. Me despertó mucho interés. La Alemania post guerra, que estaba devastada, se levantó más de un 60% por la exportación del Escarabajo. Este auto colaboró para que resurga un país que hoy es una potencia», expresó Daniel.

El secreto del vecino de Temperley

A la hora de explicar su tarea, Jacobi tiene claro cuáles son sus límites: «He hecho muchas marcas, pero ninguno me despierta lo que me despierta este Volkswagen, tengo mucho cariño por lo que hago, me encanta este auto. Mi trabajo se basa en restaurar el coche tal cual salió de fábrica, tengo que contar con la posibilidad de usar materiales que se usaban en la época. La realidad es que el Escarabajo tiene un valor a nivel histórico y comercial respetando sus defectos y virtudes, yo uso los sistemas de pintura que se usaban en esa época, por ejemplo».

Una combi celeste T1 pick up del 1957, también restaurada por Jacobi.

Con más de 70 restauraciones de Volkswagen en su haber, el especialista contó que el costo de un auto reparado puede ir desde los 7 u 8 mil dólares hasta superar los 100.000 dólares, en función del año de fábrica, el modelo y la cantidad de vehículos que se habían producido en ese período.

«Realmente la gente sabe que si viene a traerme un auto a mí yo modificaciones extrañas, como quien dice tunning no hago ni así me paguen el triple. Pedidos locos que no son tan locos lo he tenido y nunca he aceptado. Por ejemplo, que un auto con techo se haga convertible. Es una reforma que demanda mucho trabajo, es posible de hacer, pero lo que trato de decirle al cliente es que deje el auto lo más original posible y no convertirlo en una réplica», confió.

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A lo largo de los años, al vecino de Temperley que tiene su taller en San José le han llegado pedidos de distintos lugares del país: «Tengo la suerte de haber hecho los modelos más raros de Argentina. Hice el más viejo, que es uno de 1948, que fue premiado. Hice un Escarabajo convertible que es de mi propiedad y quedan cinco en todo el mundo, que es año 1953. Y el más raro es un Cubel Wagen, que es el equivalente al jeep americano de la Segunda Guerra Mundial. Con ese coche tuvimos que traer muchos repuestos de Europa, todas piezas en desuso».

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