09 de Diciembre de 2021

Una familia de trabajadores y una tragedia los marcó: el comedor de San Fernando donde también se educa

San Fernando. Historias de mi barrio
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13 de noviembre de 2021

En 1998, María Elida Martínez comenzó a cocinar para los vecinos de su barrio. Hoy, en el centro cultural comunitario Eben Ezer les dan de comer a 240 personas. Y funciona un proyecto educativo recientemente premiado.

Alguien aplaude frente a una casa del barrio Presidente Perón, en San Fernando. María Elida Martínez (o «Mary» como todos la conocen) sale y escucha algún pedido. Su casa ya es patrimonio de la comunidad: allí funciona hace 24 años lo que inició como un comedor y que hoy es un Centro Cultural Comunitario llamado «Eben Ezer».

La iniciativa fue su salida emocional de un momento de tragedia: en 1997 su hijo adolescente murió a una cuadra de su casa al ser atropellado por un camión, cuyo conductor se dio a la fuga. El vacío y la tristeza se apoderaron de ella, de su esposo y de sus seis hijos. Sin embargo, un día un chico que deambulaba por la calle le pidió un plato de comida y luego otro que venía del empalme ferroviario Bancalari, y después otro más. A todos los ayudó y, cuando se percató, cada chico golpeaba su puerta para buscar su ayuda.

La mayor parte de las donaciones que recibe el comedor de Mary son de una escuela de Martínez.

Así nació el comedor «Eben Ezer», que hoy entrega viandas de alimento a más de 240 vecinos tres veces a la semana. Funciona en la casa de Mary, que a sus 63 años sigue impulsando, imparable, su bastión solidario con escasa ayuda del Estado. «Hay tres señoras que me ayudan a cocinar que vienen a trabajar por programas sociales. El Municipio, desde que arrancó la pandemia, me aporta algo de mercadería. Es menos de una cuarta parte de lo que necesito por mes para la ayuda que doy, pero igual me suma», contó a Zonales.

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Y agregó que arrancó con el comedor poniendo todos los recursos de su bolsillo, pero rápidamente encontró, casi de casualidad, la ayuda que necesitaba para ampliar su asistencia: la de la Escuela Waldorf Perito Moreno, de Martínez. «Una abuela de la comunidad educativa de esa escuela venía a ayudar a un merendero de este barrio. Ayudó en la construcción, les hizo todo de material, les puso baño, cocina, pero la estafaron y un día no la dejaron entrar más. Yo noté que la mujer empezó a pasar y mirar mi comedor, con desconfianza. Hasta que un día comenzó a conseguirme donaciones y hoy es la principal ayuda que tenemos esa escuela», explicó. Y cerró: «Además, hay vecinos de otras localidades que fui conociendo y que me aportan mercadería también».

Educar y contener, las otras funciones del comedor de San Fernando

Aunque Mary se preocupa por hacer comidas nutritivas y variadas y no ofrecer «sólo guiso» como en muchos comedores, en todo momento sintió la necesidad de ampliar la ayuda a otros ámbitos que también son vitales en el desarrollo humano. Por eso empezó a ofrecer, en conjunto con docentes y profesionales, talleres educativos y servicios.

Los desarrollaban en el patio trasero de su casa y la limitación del espacio la complicaba, por eso no dudó cuando hace unos 7 años se le presentó la oportunidad de vender una casa que tenía en la localidad de Derqui, en Pilar, y decidió comprar una vivienda a unos metros de la suya, en la misma cuadra.

Con su trabajo de empleada doméstica y las changas de albañilería de su marido, la mujer fue remodelando esa propiedad. «Conseguí algo más de plata vendiendo pizzas y haciendo otras cosas», contó. Y así logró poner en condiciones en lugar, que aunque es precario, se encuentra apto para distintas funciones. Una especie de salón de usos múltiples, anexo a su comedor, donde puede ayudar de muchas maneras.

Conociendo gente y haciendo contactos valiosos en San Fernando y la región, Mary logró que en esa casa se hicieran talleres de depilación, pastelería; clases del Plan Fines para adultos que quisieran terminar la secundaria y llegó hasta a conseguir un peluquero que les cortara gratis el pelo a los chicos y un dermatólogo que atendiera sin costo a los vecinos del barrio.

En ese contexto, Paula Edelstein y un grupo de docentes de la escuela Perito Moreno que colaboraba con donaciones en Eben Ezer acordó en 2009 con Mary comenzar a impartir allí distintos talleres de la pedagogía Waldorf, una técnica de enseñanza cimentada por actividades artísticas y manuales y que «pone énfasis en el disfrute por aprender, en esa curiosidad que se cultiva desde niños y fortalece todos los caminos del aprendizaje», según detalló Edelstein.

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Hoy, ese grupo da clases tres veces por semana en Eben Ezer a unos 50 chicos del Presidente Perón, un barrio popular con necesidades como muchos de los que hay en el Conurbano y que está ubicado entre la Ruta 202 y el río, en la localidad de Virreyes, a sólo una cuadra de la rotonda Bancalari que conduce al camino a Nordelta. Además, acompañan a madres jóvenes con clases de tejido y las hacen partícipes de los procesos de aprendizaje de los chicos. Además, la escuela tiene un profesorado docente cuyas prácticas se realizan en el mencionado Centro Comunitario y que además también le dan a los chicos apoyo escolar en las tareas que deben hacer para los colegios a los que asisten.

En el contexto de pandemia, Edelstein manifestó que tuvieron que articular propuestas a distancia hasta el regreso a la presencialidad y eso era difícil porque el barrio tenía escasa conectividad. Así nació «Aprender a Enseñar», un proyecto sobre sus propuestas educativas en barrios populares y en época del Covid-19. Presentaron esa iniciativa en un concurso de la Asociación Educar al Desarrollo Humano, auspiciado por la Unidad de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la Universidad de Buenos Aires (UBATEC), en el que participaron otros cientos de proyectos. El suyo quedó seleccionado entre los tres mejores y ya se aseguró un premio de $200.000, aunque podrían ganar los $300.000 del segundo puesto o el máximo de $500.000. La elección se definirá el próximo miércoles 17 de noviembre.

Una vida dedicada a ayudar

Mary Martínez empieza muy temprano su día y no para hasta la noche. Limpia el comedor, coordina entregas de mercadería o las va a buscar directamente a los domicilios de quienes donan, habla constantemente con gente para conseguir distintas ayudas para Eben Ezer, define todo lo relacionado a la comida que se preparará y la entrega a las familias que se acercan a buscarla.

La vecina solidaria asegura preocuparse por entregar alimentos variados en Eben Ezer.

Así, muchas veces ha pasado que «me ponía a preparar la cena a la noche, me sentaba a comer y alguien tocaba la puerta para pedirme una leche u otra cosa. Incluso a veces pasaba un sábado que almorzábamos en familia. A veces mis hijos se enojan, otras se ríen. Yo les digo que esto es lo que me gusta. Eso sí, puse un límite y no le abro a nadie después de las nueve de la noche. Les digo que si quieren pedir algo, lo hagan antes».

Sobre la situación de la gente a la que ayuda, la vecina solidaria de San Fernando comentó: «Es lindo ver cuando la gente progresa, que no siempre está en la misma situación. Trato de hablarle a las jóvenes, que no saben a veces a donde ir con sus criaturas. Tengo chicas con violencia de género, le hemos conseguido camas, cocinas, por medio de la escuela Perito Moreno».

Y cerró: «Tengo una hija cardióloga, una que estudia para maestra mayor de obra. Somos gente pobre, pero yo les trato de decir que hay algo mejor fuera de este barrio».

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