La coronación ante Belgrano de un súper Banfield: el equipo al que le sobraban goles y logró un ascenso histórico

Lomas de Zamora. Deportes
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7 de febrero de 2026

Subió del Nacional B a Primera División en 1987, después de ganarle la final de la Liguilla al Pirata cordobés. Félix Orte, Robinson Hernández y Daniel Toribio Aquino, baluartes de un Taladro inolvidable.

Belgrano – Banfield, uno de los dos partidos que cierran la programación del sábado, tiene a priori varios de los rasgos comunes a la mayoría de los enfrentamientos del fútbol argentino: paridad, incertidumbre por el resultado, inexistencia de un favorito nítido… Así fue también hace casi cuatro décadas, cuando los cordobeses y el Taladro resolvieron, en una emotiva serie ida y vuelta, un segundo ascenso a la máxima categoría.

El primer Nacional B, un maratón de 42 fechas

Con las licencias que le otorgaban el título mundial conquistado en México, la AFA puso en marcha durante el segundo semestre de 1986 una profunda reestructuración de la competencia interna. La histórica Primera B, integrada exclusivamente por clubes del área metropolitana, le daba paso a un Torneo Nacional, abierto al Interior del país y con dos chances de ascenso como incentivo.

En total fueron 22 los participantes, nueve de la región que hoy identificamos como AMBA y los 13 restantes de tierra adentro. La mayor novedad fue la presencia de Huracán, que venía de sufrir un doloroso descenso. Su solo nombre volvía a los de Parque Patricios como uno de los grandes aspirantes al título.

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Daniel Toribio Aquino, ya en Primera División, contra Independiente.

Había muchos otros, sobre todo en el tendido ferroviario del General Roca, además de instituciones fuertes de las provincias como Colón de Santa Fe, un Deportivo Mandiyú (Corrientes) de alto poder económico y el tradicional Gimnasia de Jujuy, entre varios.

Sin embargo, contra todo pronóstico, el campeón -con mucha diferencia sobre sus perseguidores- fue un sorprendente Deportivo Armenio. Sin localía fija, pues su cancha no estaba habilitada, el cuadro de la colectividad se mandó un campañón de 22 victorias, 18 empates y apenas dos derrotas. Estuvo 34 fechas sin perder y les sacó ocho unidades de ventaja (dos por triunfo) a sus escoltas. Al mando estaba un personaje hablador, joyero de la calle Libertad, extrovertido, que caía simpático: Noray Nakis.

Banfield y Belgrano, a la caza del segundo boleto

Una de las características salientes de aquel certamen fundacional de la segunda categoría fue la coincidencia de fantásticos goleadores en los principales equipos. José Raúl Iglesias lideró la tabla de anotadores con 36 conquistas. La producción del Toti no alcanzó para devolver a Huracán al nivel superior.

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Cerquita suyo, con 34, quedó el entrerriano Abel Darío Blasón, el Toro, un ídolo de Belgrano. El uruguayo Miguel Robinson Hernández (25) y el Pampa Félix Lorenzo Orte (20) fueron los artilleros de Banfield. No llamó la atención entonces que el Pirata cordobés y los bonaerenses llegaran hasta la instancia decisiva del octogonal que definió la segunda plaza a Primera.

Belgrano dejó en el camino a Chaco For Ever y Huracán, mientras que Banfield superó en los cuartos a Lanús (0-0 como local, 3-2 de visitante) y en la semi a Colón (empató los dos y pasó por mejor coeficiente de gol).

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Una imagen de la final de la Liguilla de 1987 en el Florencio Sola.

Las finales se disputaron en día sábado, como en las viejas épocas. El 6 de junio los de Barrio Alberdi, dirigidos por un experto de la división como Jorge Pedro Marchetta, se mostraron superiores al comienzo, pero el trámite luego se emparejó y el 1-0 de esos primeros 90 minutos no garantizaba nada.

La revancha en el Florencio Sola tuvo un desarrollo distinto. Banfield, con Héctor D’Angelo al mando, tomó la iniciativa y buscó de diversas maneras llegar al arco rival. Un gol le alcanzaba porque contaba con la ventaja deportiva a su favor. Los visitantes se defendieron con orden y hubo que esperar hasta el minuto 76 para que se desatara la euforia con la conquista de Marcelo Alfredo Benítez, quien amagó ante la salida del arquero y remató bajo de zurda. Sobre la hora, de cabeza, Daniel Toribio Aquino sentenció el 2-0.

A Belgrano le costó asimilar la derrota. José Luis Villarreal -un prometedor volante central de 20 años, autor del gol en la ida- se excedió en la protesta tras el 2-0, considerando que había habido offside en la previa, y fue expulsado por Juan Carlos Demaro.

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Aquel Banfield ofensivo, capaz de meterle siete en un clásico a Los Andes y hasta ¡10! al débil Unión de Villa Krause, logró el ascenso y un reconocimiento que aún perdura entre los hinchas que disfrutaron de esa época.  

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