Boca, Huracán y un partido icónico: el jugador que fue insultado los 90 minutos y sorprendió con su reacción
Muchos futbolistas vistieron ambas camisetas, lo que dejó también historias de heridas que tardaron en sanar entre los hinchas. Pero una de ellas afectó un crack que es ídolo en uno de los clubes, y en el otro dejó un gran recuerdo.

Una de las tantas historias cruzadas entre Boca y Huracán.
Entre más de un centenar de nombres que vinculan a Boca y Huracán, rivales este sábado por los octavos de final del Torneo Apertura, se destaca con nitidez el de Miguel Ángel Brindisi, uno de los mejores mediocampistas derechos del fútbol argentino, de paso glorioso por Parque de los Patricios y protagonista de actuaciones memorables con la azul y oro.
Miguelito -como se lo conocía desde su temprano debut en la Primera del Globo, una semana antes de cumplir 17 años- sobresalió por despliegue, pegada y facilidad para convertir. Registró 194 goles en campeonatos de Primera División y se ubica 15º en la tabla histórica, por encima de delanteros de la talla de Luis Artime, Mario Boyé o Héctor Scotta entre muchos otros.
Brindisi jugó para Huracán entre 1967 y 1976. Se fue a Las Palmas (España) y regresó para un segundo ciclo en el club de sus orígenes. A principios de 1981, a una edad (arriba de 30 años) en la que una mayoría de sus colegas empezaba a evaluar, aceptó la propuesta de Boca para integrar un plantel estelar, dirigido por Silvio Marzolini. Su mudanza cayó mal en La Quema.
El gol sin festejo de Miguel Ángel Brindisi
Boca empezó como local su recorrido en el Metropolitano: victoria 4-1 ante Talleres, con la apoteosis del debut oficial de Diego Armando, y empate 2-2 contra Instituto. La primera salida fue en la tercera fecha, un caluroso domingo 8 de marzo, justamente hasta Parque de los Patricios, donde Brindisi no fue bien recibido por la hinchada local.

Además del volante, mundialista con la Selección en Alemania 74, también pasó de Huracán a Boca el polifuncional Roberto Aníbal Passucci, un guerrero en cualquier lado. Los dos habían sido protagonistas, cuatro meses antes, de un espectacular 4-1 de Huracán en la Bombonera. Solo Abelardo Cheves, Clide Díaz, Jorge Gutiérrez y Carlos Babington volvían a estar en el 11 quemero para enfrentar al favorito.
Con un Maradona sobrecargado físicamente, a tal punto que faltó a los cuatro compromisos siguientes, a Boca le costó superar el plan cauteloso de Huracán y hubo que esperar hasta el comienzo de la segunda etapa para que una habilitación larga de Brindisi y un veloz pique al espacio (en esa época se decía al vacío) de Osvaldo Salvador Escudero le permitiera al visitante ponerse en ventaja.
Ya sobre la hora, Hugo Osmar Perotti trepó por el costado derecho, el contrario de donde habitualmente se desempeñaba; llegó hasta el área y mandó un centro que, tras un defectuoso rechazo de un defensor, quedó para que Brindisi sentenciara el resultado. Aunque le sobraban ganas de gritarlo, después de los insultos recibidos, Miguelito -con el 9 en la espalda- se contuvo, inaugurando una costumbre que con el tiempo se volvió práctica habitual.

Ajenos a la mesura del goleador, miles de simpatizantes xeneizes celebraron eufóricos en la cabecera de calle Colonia. Fue uno de los ocho triunfos como visitante de aquel campeón, que también superó a Sarmiento (2-1) en Junín, a San Lorenzo (2-1) en esa misma cancha de Huracán, a Independiente (2-0) en Avellaneda, a Estudiantes (2-1) en La Plata, a Platense (4-0) en Vélez, a Newell’s (2-0) en Rosario y a Colón (2-0) en Santa Fe.
La formación de aquella victoria en el Palacio Ducó fue con Hugo Orlando Gatti; Vicente Alberto Pernía (capitán), Passucci (José Luis Tesare), Roberto Mouzo y Carlos Héctor Córdoba (único del plantel con asistencia perfecta en las 34 fechas del certamen); Abel Aníbal Alves, Jorge Alejandro Quiroz (Jorge José Benítez), Brindisi, Maradona; Escudero y Perotti.
Brindisi, un crack al margen de la camiseta
Tan alto fue el nivel de Brindisi en la primera rueda que llegó a opacar incluso al propio Maradona. Si bien Diego se cargó la mochila en el tramo decisivo, cuando el Ferro Carril Oeste de Carlos Timoteo Griguol amenazaba, Miguel fue clave en el arranque del Metropolitano 1981 que se coronó con el título.
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Presente en 16 de las 17 fechas de la ronda inicial, su actuación cumbre se produjo en el superclásico: anotó los dos primeros del 3-0, a los 10 y 15 minutos del segundo tiempo. En total convirtió 16 goles, uno menos que el 10, destacándose también el doblete del debut a Talleres y dos a San Lorenzo, uno en la ida (2-1) y otro espectacular, desde lejos y de emboquillada, en la vuelta (4-0).







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