07 de Julio de 2022

El Museo del Juguete: el viaje a las infancias de varias generaciones que se forjó gracias a los vecinos

San Isidro. Historias de mi barrio
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15 de mayo de 2022

Ubicado en lo que fue el Hogar Arenaza, en el espacio verde público más grande de Boulogne, permite que niños de ayer y hoy puedan observar y jugar en familia. Gran parte de las colecciones fueron donadas por vecinos.

Allá por el hoy lejano 1999, Emilio Aragón tuvo una visión artística que dio por llamar «A mis niños de 30» y consistía, básicamente, en volver a grabar las canciones más populares que en su rol de Miliki había ayudado a crear junto a Gaby, Fofó, Fofito y/o Milikito para que los adultos de esa época pudieran recordar y compartir con sus hijos los temas que tantas veces habían escuchado de chicos. La idea madre del Museo del Juguete de San Isidro va claramente por el mismo camino.

Creado a partir de una ordenanza firmada por el intendente Gustavo Posse en abril de 2008, abrió formalmente por primera vez sus puertas el 16 de julio de 2011 en un edificio ubicado Lamadrid 197, Boulogne, dentro del predio donde previamente había funcionado el Hogar de Carlos de Arenaza.

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La elección se dio a partir de la firma de un convenio entre la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) y la Subsecretaría de Cultura de San Isidro, que desde ese momento empezó a hacerse cargo del lunes para convertir el realidad el sueño de Jorge Meijide, que fue quien tuvo la iniciativa inicial de crear el Museo del Juguete de San Isidro.

También fue importante, en aquellos primeros años, el rol de Ricardo Olivera Wells, un coleccionista local que ofreció en préstamo parte de su colección para la exhibición; el Daniela Pelegrinelli, quien estuvo a cargo del guión museológico y fue directora del sitio desde su apertura hasta 2015; y el de Eleonora Jaureguiberry; quien desde su rol en el área de Cultura municipal convirtió los distintos sueños en un proyecto público y en una institución municipal. 

El Museo del Juguete de San Isidro no sólo es para ver objetos.

El Museo del Juguete de San Isidro cuenta con cuatro salas y un gran jardín. Desde su apertura hasta la fecha, fue recibiendo donaciones particulares de personas que se acercaron con los juguetes que ellas y sus familias habían conservado durante décadas.

«Es una colección que de alguna manera fue formada en comunidad. Son juguetes que tienen su historia afectiva, lo que activa la memoria de distintas generaciones. La característica de este museo por sobre otros es que activa el juego», contó ante la consulta de Zonales Cecilia Pitrola, la directora del espacio ubicado en Boulogne.

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Actualmente la colección del Museo del Juguete de San Isidro cuenta con más de mil cuatrocientas piezas. En su mayoría, se trata de piezas creadas en los siglos XX y XXI que dan cuenta de la cultura lúdica, revelan los cambios en la historia de la industria en Argentina y que tienen además el valor de haber sido jugados, de ser objetos cargados de afectos e historias singulares.

«Vienen padres, madres, abuelos y tíos que le muestran a los niños de su familia con qué jugaban en su infancia. También organizamos actividades especiales como, por ejemplo, la carrera de autitos a piolín que hacemos todos los años en el parque», detalló Pitrola.

Hay juguetes de distintas épocas, con sus respectivas historias.

Según detalló la directora del Museo de San Isidro, este 29 de mayo se realizará, de 13 a 17, con la misma finalidad de unir generaciones a partir del juego una exhibición de figuritas llamada «Late, late, nola» que apunta a descubrir o redescubrir figuritas de los últimos 100 años.

«El museo es un espacio de exhibición de juguetes, pero sobre todo un espacio de juego. En las salas y en el jardín hay juguetes para jugar, no sólo para ver. Y realizamos eventos y actividades todos los fines de semana que invitan a todas las familias a jugar y a construir juguetes», cerró la titular del espacio.

De acuerdo con lo que informa el Museo del Juguete de San Isidro a través de su página oficial, la finalidad del lugar es recuperar conservar, promover y ampliar las experiencias de juego y el uso de juguetes a través de la necesidad de pensar la infancia de manera crítica y promover los derechos infantiles, con particular énfasis en el derecho al juego, por una sociedad con infancias plenas de oportunidades de jugar, sin etiquetas y con más libertad. 

Las piezas fueron donadas por distintos vecinos de la zona.

El Museo del Juguete y la historia del Hogar y el Parque Arenaza

El Museo del Juguete de San Isidro tiene un gran jardín y se encuentra emplazado a su vez en el área pública verde más importante de Boulogne, el Parque Arenaza. Por eso, desde la Comuna consideran que visitar el predio es también una salida al aire libre, ya que el recorrido por la exhibición se combina con la posibilidad de jugar al aire libre, hacer un pic-nic y disfrutar del contacto con la naturaleza.

El edificio que hoy alberga al Museo del Juguete fue una de las cinco casas que integraban el Hogar Arenaza, antes llamado Hogar Santa Rita. Se trató de un espacio que funcionó en ese gran predio entre 1942 y 2009.

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El sitio tenía varias casitas, talleres, granja y hasta una capilla distribuidas en el gran parque de 15 manzanas. Cada vivienda tenía un nombre: la que hoy es el museo se llamaba «Ardillitas». Y al jardín los chicos del Hogar Arenaza lo habían bautizado en su momento como “El bosque” por su frondosa vegetación.

A lo largo de los casi 70 años en los que funcionó como el Hogar Arenaza y previamente Santa Rita, fue la casa de miles de chicos y chicas que por distintos motivos no podían ser cuidados por sus familias. Previamente, las tierras que rodean al actual museo habían sido propiedad de Avelino Rolón, una figura muy importante de San Isidro de esa época.

Juguetes con uso, una de las particularidades del museo ubicado en Boulogne.

La enorme chacra y su arbolado se remataron en 1937, y apenas unos años después, en 1942, se inauguró allí el Hogar Santa Rita, un instituto para chicas de entre 14 y 21 años. El proyecto estuvo a cargo del Patronato Nacional de Menores, cuyo vicepresidente era el médico e investigador Carlos de Arenaza.

Años más tarde, el sitio tomaría su nombre. Para Arenaza era clave que estos hogares no fueran pabellones grises, sino espacios alegres y luminosos que se parecieran a un hogar familiar. En 1978, el Instituto abandonó el trabajo con adolescentes mujeres y pasó a trabajar con grupos de hermanos y hermanas de 4 a 12 años. La intención era no desvincular los grupos familiares por género o edad. Bajo este modelo, el hogar siguió funcionando hasta su cierre, en 2009.

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