El goleador argentino que no hizo pie en su país pero es una leyenda del fútbol de Colombia y triunfa con un restaurante
Su nombre pasa mayormente inadvertido para los futboleros de acá, salvo para los hinchas de Gimnasia La Plata que lo vieron jugar a fines de los 60. La historia de Hugo Lóndero.

Hugo Lóndero es un ícono del fútbol colombiano como cuarto goleador histórico en ese país.
Dentro de las historias que tiene el fútbol argentino como usina de talento, hay algunas que pasan más inadvertidas que otras. Por ejemplo, la de un delantero que pasó por Gimnasia La Plata pero su gran éxito estuvo lejos, en Colombia, donde es una figura icónica tanto que su popularidad le permitió tener una segunda vida como empresario gastronómico. Es el caso de Hugo Lóndero.
Desde 1948, cuando se implementó la primera liga profesional, hasta la actualidad, Colombia siempre tuvo una especial predilección por los futbolistas argentinos, sobre todo por aquellos que se desempeñaban en puestos de ataque y rompían redes. El legendario Alfredo Di Stéfano inició una larga lista de goleadores nacidos en nuestro país que brillaron en clubes cafeteros. Uno de los últimos exponentes de la numerosa legión es el todavía vigente Germán Cano.
La prestigiosa nómina incluye entre varios otros a Alberto Perazzo, padre de Walter; Miguel Ángel Converti, Marcial Palavecino, Sergio Galván Rey y a un hombre que por estas horas cumple 80 años: Hugo Horacio Lóndero, un cordobés que jugó en Gimnasia y Esgrima La Plata a fines de los 60, probó suerte en canchas colombianas y tan bien le fue que terminó radicándose allí, se nacionalizó y hasta abrió un restaurante de categoría que es uno de los favoritos en Cúcuta.
Lóndero, un goleador de Gimnasia La Plata a Cali
Hugo Horacio Lóndero, nacido el 18 de septiembre de 1946, comenzó a destacarse en las filas de El Porvenir de Puesto Viejo, en Colonia Caroya. De esa misma cantera surgió Héctor Oscar Ártico, el Gringo, central o volante de contención con prolongada trayectoria en Primera (Talleres de Córdoba, River, Vélez, Estudiantes de La Plata y Unión de Santa Fe).

Con apenas 20 años, Lóndero emigró a Buenos Aires. Sumó poco más de 40 partidos en el Lobo platense, donde empezaba a mostrarse como un 9 de mucho oficio en el área, sin alardes técnicos pero con un notable olfato para aprovechar las oportunidades. Aceptó una propuesta para irse a Colombia y aún hoy, a más de cuatro décadas de su retiro definitivo de las canchas, es uno de los cuatro máximos goleadores de ese país con el impactante número de 211 conquistas.
Lóndero fue el máximo anotador del torneo de 1969, con 24 tantos marcados para América de Cali. Repitió el logro en 1971 y 1972, con 27 y 30 conversiones respectivamente, ya con la camiseta de Cúcuta Deportivo, una de las cinco que vistió durante su larga estancia en Colombia.
Hugo se coronó dos veces campeón con Atlético Nacional, en 1973 y 1976. La segunda vez fue dirigido por su compatriota Osvaldo Zubeldía. Compartió plantel con Raúl Navarro, ex arquero de Huracán; Oscar Calics, defensor con pasos por Banfield y San Lorenzo, y Ramón Bóveda, wing de Rosario Central. También tuvo de compañero a Francisco Maturana, el famoso Pacho, entonces un eficaz zaguero y luego un reconocido entrenador del seleccionado.

Lóndero jugó además para el otro grande de Medellín (Independiente) y terminó su carrera en Deportivo Pereira. Aunque hizo goles y dejó gratos recuerdos en todas las instituciones donde estuvo, se identificó con Cúcuta y en esa ciudad decidió volcarse a la actividad gastronómica con rápido suceso.
Del área a la mesa, el empresario Hugo Lóndero
En una época donde el fútbol no generaba los ingresos actuales, Lóndero resolvió invertir algunos de sus ahorros en un restaurante que al principio solo servía carnes y pizzas. “Siempre me gustó la parrilla”, dijo el cordobés al inaugurar su primer local, en diciembre de 1981, junto a su esposa María Cristina.
Cuarenta y cinco años después, Londeros Sur es una referencia en todas las guías turísticas de la capital de Norte de Santander. Del sitio original se mudó a otro más amplio, en la zona céntrica de la ciudad. El menú se diversificó de manera significativa, incorporando platos típicos de la región. Cada tanto, Don Hugo se pega una vuelta por el lugar y charla con algunos de los comensales. El hombre tiene muchas historias y goles de sobra para contarle a la clientela.







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