Misterio y drama para una familia de General Rodríguez: quién es el biólogo que buscan desesperadamente en Francia
Juan Ignacio Debandi Álvarez, de 36 años, fue visto por última vez el 18 de enero cerca de Marsella. A pesar de tener un vuelo programado hacia España, nunca abordó el avión y su teléfono se apagó. Interviene la Cancillería.

Juan Ignacio Debandi, el biólogo argentino de General Rodríguez que se encuentra desaparecido desde fines de enero en Francia.
La desaparición del biólogo Juan Ignacio Debandi Álvarez, vecino de General Rodríguez, ha activado una red de búsqueda que conecta al Conurbano bonaerense con el sur de Francia e Irlanda. El hombre, de 36 años, perdió todo contacto con su entorno el pasado 18 de enero en la localidad costera de Cassis, en las inmediaciones de Marsella. Aunque la familia inicialmente no se alarmó por su costumbre de demorar las respuestas, la falta de señales durante semanas encendió las alarmas definitivas.
Juan Ignacio es una figura conocida en el ámbito académico regional: durante ocho años se desempeñó como profesor auxiliar de laboratorio en la Universidad Nacional de Luján (UNLU) y también trabajó en el sector privado en una empresa avícola de la zona.
Tras decidir emigrar, se estableció en Barcelona y luego en la ciudad irlandesa de Drogheda, donde trabajó hasta noviembre de 2025. Su plan era trasladarse a Dinamarca, pero el rastro se perdió en territorio francés.
Buscan al biólogo Juan Ignacio Debandi Álvarez en Europa
El último contacto directo con sus seres queridos fue el 11 de enero mediante una videollamada. Según explicó su hermana, Florencia Debandi, la preocupación formal comenzó a mediados de febrero. «Suele demorarse en responder mensajes», señaló la mujer al explicar por qué no sospecharon de inmediato.
Sin embargo, los datos objetivos son inquietantes. El biólogo tenía un pasaje con la empresa Vueling para viajar de Marsella a Barcelona el 19 de enero, pero los registros confirman que nunca subió a la aeronave ni realizó trámites para reprogramar el ticket. De manera simultánea, su dispositivo móvil dejó de emitir señal el día previo, el 18 de enero, fecha que marca el último indicio de actividad del argentino en Francia.

Ante la falta de novedades, sus padres, Pilar y Claudio Debandi, iniciaron las acciones legales correspondientes a comienzos de marzo. La denuncia por averiguación de paradero se tramita en la fiscalía federal de Mercedes, la cual dio intervención inmediata a Interpol. Al mismo tiempo, la Cancillería argentina coordina acciones con las autoridades de Irlanda y España, aprovechando que el joven posee ciudadanía española.
Actualmente, las líneas de investigación se bifurcan: mientras la policía francesa rastrea la zona de la Costa Azul, la familia no descarta que el joven haya logrado cruzar la frontera hacia España por sus propios medios.
A través de una intensa campaña en redes sociales, los allegados de Juan Ignacio difunden su imagen esperando algún dato certero de personas que lo hayan visto en aeropuertos, terminales o en la vía pública de las ciudades europeas mencionadas. Mientras tanto, en General Rodríguez y Luján, colegas y amigos aguardan novedades sobre el paradero del biólogo que un día partió buscando nuevos horizontes y hoy es buscado en dos continentes.

«Como biólogo, amaba observar y disfrutar de la naturaleza. Era común que dedicara mucho tiempo a viajar y recorrer lugares con tanto contenido histórico como hay en Europa. A veces decía ‘me colgué'», pero eran unos días, no tanto tiempo como ahora«, explicó Florencia a La Nacióni.
Y añadió: «Siendo siete hermanos, más parejas y sobrinos, siempre había intercambio de fotos o mensajes con alguno. De alguna manera, siempre aparecía o respondía en algún momento. Cuando vimos que ya habían pasado varias semanas, empezamos a buscar entre sus conocidos y en las redes«.
«Ahora pudimos llegar a más organismos, pero descubrimos que es muy complejo y diverso el manejo de la desaparición de personas en los distintos países. Fue muy difícil comunicarnos, por las diferencias de idioma, y lograr que tomaran nuestras denuncias, porque en Europa son muy estrictos con la privacidad, sobre todo tratándose de un adulto«, agregaron sus padres.







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