Quién es el tatuador de Quilmes que denunció a Duki en la Justicia: “Sigue usando mi arte sin pagarme”
El artista del sur del Conurbano reclama que su diseño de las alas se utiliza en el merchandising oficial del cantante y en colaboraciones con Adidas, New Era y Netflix, sin ningún tipo de reconocimiento.

Las famosas alas que el cantante luce bajo sus ojos desataron una gran polémica.
“El Iván de Quilmes”, tal como se lo conoce al artista que lleva más de una década tatuando a los grandes del trap argentino, decidió denunciar al Duki en la Justicia. “Sigue usando mi arte sin pagarme”, explicó, quejándose de que su diseño de las alas se utiliza en el merchandising oficial del cantante y en colaboraciones con Adidas, New Era y Netflix, sin ningún tipo de reconocimiento.
Iván Grasso tomó la determinación cansado de escuchar promesas incumplidas. “Hace bastante tiempo me vienen diciendo que me van a reconocer y pagar lo que me corresponde por mi arte, pero pareciera que si uno no pone abogados en el medio, nadie escucha”, escribió el tatuador en un posteo realizado en las redes sociales.

Y aclaró que lo que más le molesta es la falta de respeto profesional: “Lo más triste es que esto nunca fue por plata. Duele que se aprovechen del esfuerzo, de la creatividad y de la confianza de alguien que siempre actuó de buena fe, creando y ayudando”.
“El Iván de Quilmes” lo habló con Duki
Iván no es un tatuador cualquiera. Autodidacta, skater y DJ, ha tatuado a otros grandes cantantes, como Cazzu, Khea y Neo Pistea. Y su estilo (el “traditurro”, mezcla de old school con estética de barrio) lo puso en el mapa mucho antes de que el trap explotara en la Argentina.

Continuando con su descargo, dejó en claro que jamás firmó una cesión de derechos ni autorizó la explotación comercial del diseño: “Siguen usando mi obra y mis dibujos sin autorización, sin licencia y sin siquiera tener la delicadeza de avisarme o hablarlo conmigo”.
Aunque muchos lo desconocen, conflictos de este tipo se dan de manera muy frecuente en la industria musical y del diseño. Se trata de los derechos de autor y la propiedad intelectual detrás de los tatuajes y las obras visuales asociadas a artistas famosos.
Si bien para un gran número de personas es apenas un detalle estético, para el tatuador representa una obra artística original que, en este caso, terminó convertida en parte de la identidad visual de uno de los músicos más importantes del país.
Algo importante para destacar en esta historia es que el propio Duki reconoció la situación en conversaciones privadas, que luego fueron difundidas por el tatuador. Allí, según mostró Iván, el trapero admite el error y le asegura que su equipo iba a comunicarse para resolverlo.
La denuncia del tatuador es por “daños y perjuicios”
Grasso avanza con una denuncia formal por “daños y perjuicios” junto al estudio jurídico Franco Trigo Abogados. Y el caso podría convertirse en un antecedente importante para el mundo artístico argentino, especialmente en un contexto donde los límites entre arte callejero, branding y negocios multimillonarios son cada vez más confusos.
Mientras tanto, en las redes sociales el debate ya explotó: hay muchos usuarios que respaldaron al tatuador de Quilmes, advirtiendo que detrás de las grandes figuras del espectáculo suele haber artistas invisibilizados. Otros defendieron a Duki y sostuvieron que el conflicto debería haberse resuelto en privado.
Lo cierto es que Iván quiso evitar este desenlace, pero no obtuvo las respuestas que esperaba. Ahora es la Justicia la que deberá resolverlo.







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