La vecina de San Martín que conquistó Islandia con su marca de alfajores artesanales: “Me conectan con mi país”
Su emprendimiento ya se vende en varias tiendas y cafeterías, y hasta en una de las cadenas de supermercados más grandes. Cómo es su vida en el país más seguro del mundo.

Carla ya está trabajando para vender en Noruega y Dinamarca.
Carla Inés Valvo (38) es oriunda de la localidad de San Andrés, en el partido de San Martín. Pero desde 2019 vive en un lugar muy lejano, y diferente: Reikiavik, la capital de Islandia, el país conocido como el más seguro del mundo y que, gracias a ella, ahora también cuenta con unos ricos alfajores artesanales, con los que conquistó los paladares y, especialmente encontró una forma de extrañar un poco menos.
“La verdad es que me conectan con mi país”, dijo al referirse a Re Argentina Alfajores, tal como se llama su marca. Y repasando su vida contó que tuvo una carrera sólida en la moda: diseñadora de profesión, trabajó durante una década en Rapsodia y llegó a ser manager de ventas, viajando por distintas partes del planeta.
Con el tiempo llegó a tener su propia marca (Joy and Art), con la que le fue muy bien. Pero en 2019, cuando la economía del país empezó a complicarse, Carla tomó una decisión. Se fue a Italia a tramitar la ciudadanía. La idea era volver, pero el amor -y la vida- la llevaron por otro camino.
En Sicilia se produjo el primer contacto con su vocación gastronómica, que hasta entonces estaba oculta. Tal vez buscando inconscientemente una forma de mantenerse apegada a la Argentina, buscó en YouTube recetas de empanadas, y empezó a prepararlas en su cocina para venderlas en tiendas locales.
La llegada a Islandia
Fue entonces cuando, a través de Instagram, recibió un mensaje insólito: un salteño, que estaba de vacaciones en Italia pero vivía en Islandia, le compró unas empanadas y le habló sobre la vida en el país nórdico. Le mencionó los buenos sueldos, el orden y la tranquilidad.

Con su pareja de entonces decidieron probar suerte. Estudiaron inglés, ahorraron lo que pudieron y en octubre de 2019 llegaron a Islandia. Consiguieron trabajo a los dos días, pero al poco tiempo estalló la pandemia y todo se detuvo.
Lejos de angustiarse, Carla siguió para adelante: hizo cursos de acuarela y dibujo botánico, aprendió sobre flores y volvió a volcarse al arte. Fue en ese momento de encierro e introspección que apareció la idea de los alfajores. No como un negocio, sino como un gesto íntimo: cocinar algo que la reconectara con su tierra.
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Durante años probó recetas, moldes, combinaciones. En el medio, se separó. Y los alfajores se convirtieron también en una forma de procesar todo eso: “Me hacían bien. Me conectaban con mi país, que durante mucho tiempo no pude visitar.”
El 1 de agosto de 2024 fue cuando lanzó oficialmente la marca. Armó una canasta con 30 alfajores y se dirigió a una fiesta importante en Reikiavik. Los repartió a cambio de videos y reacciones. Y funcionó: a la mañana siguiente, en la cafetería donde trabajaba, vendió 27 de los 30. “No sé qué es, pero lo quiero”, escuchó decir a más de uno. Así empezaba una historia inesperada.
Los exitosos alfajores de la vecina de San Martín
Hoy, su producto se vende en más de diez tiendas y cafeterías, y acaban de llegar a las góndolas de HAGKAUP, una de las cadenas de supermercados más grandes de Islandia. También tiene una línea de chocolates artesanales con sabores locales como el regaliz -muy amado en ese país- y una estética que no pasa desapercibida: formas de flores, lunas, soles, e incluso mapas de Islandia.

Como si fuera poco, ya está trabajando para vender en Noruega y Dinamarca. Y también planea lanzar su propio dulce de leche bajo la marca Re, producido por una empresa argentina que lo envasa en España.
“Como soy diseñadora, y vengo del mundo del arte, lo que vendo no es sólo un alfajor: es una experiencia completa. Desde el momento en que abrís la caja, todo tiene una intención”, contó.
Además, cada caja lleva la frase “si vas a Islandia, traé alfajores”, escrita en inglés e islandés. Un guiño que hoy se vuelve realidad: muchas amigas que viajan a Argentina, regresan con el equipaje lleno de Re Alfajores.
Desde ya que no sólo logró fundar una empresa, sino que conoció una forma de vida muy distinta: “Acá los viernes a la tarde ya nadie contesta mails, y hasta el lunes no se retoma. Las jornadas son de seis horas, y la gente vive sin ansiedad. Fue un gran aprendizaje”.
Y dijo que, a diferencia de la rutina argentina (estar atento todo el tiempo para no ser víctima de la inseguridad), en Islandia la preocupación al caminar por la calle es otra: “El mayor peligro no pasa por los robos, sino por el frío y el viento”.







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