06 de Julio de 2022

El crack y un misterio que se mantuvo por 54 años: la tragedia que mató a Eliseo Mourinho

Buenos Aires. Deportes
·
16 de octubre de 2021

Fue figura del fútbol argentino en la década del 50 y llegó a ser capitán de la Selección Nacional. Tenía 33 años cuando un accidente de aviación, en pleno cruce de la Cordillera de los Andes, le puso fin a su brillante carrera.

Como el boxeador Justo Suárez, primer ídolo del deporte argentino, Eliseo Víctor Mouriño nació en Mataderos, en junio de 1927. Huérfano de padre desde los cuatro años, su pasión era jugar a la pelota. Empezó a destacarse en un equipo del barrio de San Cristóbal que se llamaba Superclub. Un día su suerte cambió para siempre: en un enfrentamiento contra la Quinta División de Banfield, su desempeño fue tan bueno que terminó siendo contratado por el equipo del Sur del conurbano bonaerense.

Debutó en el Taladro con apenas 17 años, en un 3-1 ante Unión por el Campeonato de Primera B. En ese mismo año, Banfield logró el título, el quinto en la segunda categoría desde su afiliación a la AFA en 1897. El Gallego Mouriño tardó un par de temporadas en adueñarse del puesto. Luego fue difícil sacarlo.


Comenzó a jugar seguido a mediados de 1948 y no largó el puesto hasta 1952. En el medio fue protagonista del recordado certamen de 1951. De un lado, el bicampeón Racing, con el poder de Ramón Cereijo, ministro de Hacienda de Perón; del otro, el humilde Banfield, el equipo de Eva Duarte, dada su identificación con los más humildes, los postergados.

Mourinho, segundo arriba desde la izquierda, entre Lombardo y Musimessi.

Circularon miles de rumores, pero lo cierto es que igualaron en el primer puesto y hubo que recurrir a una final para definir el título. Igualaron 0-0 en cancha de San Lorenzo y fueron necesarios otros 90 minutos en el mismo escenario. La Academia se impuso 1-0 con un golazo del Atómico Mario Boyé y logró el tricampeonato del periodo profesional.

Eliseo Mouriño y su llegada a Boca

El Banfield sensación fue invitado a disputar una serie de amistosos a fines de 1951 y principios del 52. Costa Rica, Colombia, El Salvador, Perú, México y Honduras fueron los países que visitó el Taladro, con Mouriño como una de sus figuras. Por esa época, Boca ya deseaba contar con él: Emilio Baldonedo, ex técnico banfileño, estaba trabajando en el Xeneize e insistía en comprar al Gallego. Años después, esta situación sería mencionada por Ricardo Darín en la película La Señal, ambientada en la década del 50.

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Llegó a Boca en 1953 y se adueñó enseguida del puesto que había dejado vacante Ernesto Lazzatti, referente por más de una década. Boca había sido bicampeón en 1943-44, pero el título se le venía negando. Mouriño debutó oficialmente ante Rosario Central y su primer gol, curiosamente, fue ante Banfield. Convirtió otro tanto importante ante el Canalla en Rosario, dos valiosos puntos para romper la racha de una década sin títulos. Con el Pibe de Oro como director técnico y el Gallego en la cancha, secundado por Pancho Lombardo y el Leoncito Pescia.

Siguió en Boca hasta 1960, aunque algunos problemas físicos y el surgimiento de un histórico xeneize como Antonio Ubaldo Rattin le fueron quitando protagonismo. Con el retiro de Pescia, Mouriño fue quien se corrió del círculo central y empezó a cumplir las funciones de volante y zaguero, una variante táctica que se estaba implementando por esos años.

Mourinho, otra vez segundo en la fila superior desde la izquierda, con la casaca de la Selección.

El Rata, quien asegura haber aprendido muchísimo a su lado, lo elogia como jugador y persona: “Eliseo era tan crack como ser humano que, para no taparme a mí, cambió de puesto”. No solo sus compañeros lo admiraban: generaba respeto entre adversarios, árbitros e hinchas de otros cuadros.

La Selección: dos títulos y un fracaso

Su nivel en Boca lo llevó indefectiblemente al equipo nacional. Fue titular el día del recordado 3-1 a Inglaterra en el Monumental y, como capitán, estrechó la mano de Juan Domingo Perón, presidente de la Nación en ese entonces. Dos años después, conquistó el Sudamericano de 1955 en Chile, junto a sus compañeros Francisco Lombardo y Julio Elías Musimessi.

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Sin embargo, una lesión lo dejó fuera del Sudamericano 1957 y, si bien al año siguiente integró el plantel en el llamado Desastre de Suecia, había perdido el puesto con el riverplatense Néstor Pipo Rossi. En 1959 se recompuso y recuperó la titularidad, para volver a consagrarse con la Selección en el torneo realizado en nuestro país, donde Argentina dejó atrás al Brasil campeón mundial.

La tragedia en Chile y el paso a la inmortalidad

Cuando el presidente de Boca, Alberto J. Armando, comenzó a comprar varias figuras internacionales, Mouriño tomó la decisión de irse a jugar al Green Cross chileno. En sus primeros días en el club trasandino viajó a un partido por la Copa de Chile y, a la vuelta, el avión se estrelló en la Cordillera, en el Cerro de las Ánimas, en una fecha emblemática: 3 de abril de 1961, justo en el aniversario de la fundación xeneize. Junto a Eliseo fallecieron todos los integrantes del vuelo: algunos restos de la aeronave fueron encontrados recién en 2015.

Los restos del avión que fueron encontrados 54 años después de la tragedia.

El avión Douglas DC-3 de la aerolínea LAN procedente de Osorno en el Sur, y con destino a Santiago de Chile, desapareció misteriosamente en una zona de altas montañas y sus restos nunca fueron encontrados, por lo que se convirtió en uno de los mayores enigmas de esa época, hasta que décadas después un grupo de escaladores chilenos halló restos del  avión y el gran misterio quedó develado.

En la aeronave viajaban 24 personas, entre ellas ocho jugadores integrantes del primer equipo del Green Cross, así como el entrenador, Arnaldo Vásquez y el masajista Manuel González. La delegación se dividió en dos grupos, en vuelos distintos. Uno nunca llegó a destino en una de las peores tragedias del fútbol chileno y mundial, que conmocionó a todos. Tan grande fue el impacto que años después, en 1965, el club se disolvió y se mudó a Temuco.

El funeral del equipo de Golden Cross, en Chile: fue una tragedia enorme.

La búsqueda de los restos del avión duró dos semanas y resultó infructuosa; se lo dio por perdido finalmente. Los funerales del equipo fueron multitudinarios y simbólicos porque no se hallaron los cuerpos. Incluso circularon versiones de que los ataúdes fueron rellenados con piedras, lo que nunca fue confirmado ni desmentido.

El halo misterioso se mantuvo hasta la primera semana de febrero de 2015, cuando un grupo de andinistas chilenos encontró a 3.200 metros de altura, en la cordillera de Linares, unos 360 kilómetros al Sur de Santiago, los restos completos del avión. Varias expediciones habían tratado en vano de encontrar el avión.

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El grupo descubrió, sin necesidad de desenterrar, buena parte del fuselaje, mucho material esparcido en la zona, incluso restos óseos de numerosos cadáveres allí diseminados, y de lo cual se puede inferir, según los peritos que investigaron, que muchos lograron salir del avión y murieron en las adyacencias. Este hallazgo inesperado sirvió incluso para redefinir la historia, puesto que los restos del avión fueron hallados en un lugar diferente al indicado por las publicaciones oficiales de esa época.

El sector que lleva el nombre del Gallego Mourinho en el estadio de Banfield.

Entre ellos estaba Morunho. Con voz de mando y caracterizado por su fuerte presencia en la mitad del campo, el Gallego supo hacerse un lugar entre los históricos del fútbol argentino. El locutor y periodista Antonio Carrizo, gran amigo suyo, lo definió con maestría: “En determinada época se empezó a hablar de los jugadores de buen pie. No sé si el Gallego era de esos. Lo seguro es que él no solo jugaba con los pies”.

El nombre de Eliseo Mouriño fue estampado en la tribuna lateral de Banfield, que luego se transformó en platea y desde 2019 tomó un estilo inglés, pegada al campo de juego y sin alambrados. Desde esa ubicación hubiese sido maravilloso admirar la calidad del notable Eliseo.

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