26 de Enero de 2022

Un científico de Quilmes fue elegido por Harvard para «resucitar» al mamut lanudo: cómo lo harán

Quilmes. Sociedad
·
4 de diciembre de 2021

Ramiro Perrotta es un biotecnólogo de la UNQ. Lo convocaron para trabajar en Estados Unidos en un proyecto tan ambicioso como controversial: traer de la extinción al animal cuya vida desapareció hace 6 millones de años.

Devolver a la vida al mamut lanudo será el desafío de un científico de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) que aplicó a una beca y quedó seleccionado en el ambicioso proyecto, de relevancia mundial, que se llevará a cabo en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. En el estudio, buscarán traer de la extinción al mamut lanudo, un animal que habitó el planeta hace 6.000 años y que planean que su presencia en el ecosistema revierta los efectos del calentamiento global. En caso de lograrlo, no sólo marcaría no sólo un hito en la historia de la humanidad sino que lograría un impacto positivo a gran escala en el medio ambiente.

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En esa iniciativa participará Ramiro Perrotta, un joven de 29 años nacido en Quilmes que desde hace muchos años vive en Wilde, en el sur del Conurbano. Se recibió en 2015 de Licenciado de Biotecnología en la UNQ, luego continuó con el doctorado con beca del CONICET en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y ha tenido como directores a los prestigiosos científicos Mariana Salatino y Gabriel Rabinovich.

En 2019 hizo una pasantía en el Hospital Mount Sinai, en Nueva York, donde se la jugó en pos de sus sueños: «Quería dedicarme a la ingeniería genética y biología sintética y sabía que el laboratorio del doctor George Church era el lugar adecuado. Mientras estaba en la pasantía en Nueva York, le escribí a Church para saber si podía tener una entrevista en su laboratorio y aceptó. Me terminó diciendo que querían que trabajara con ellos, pero faltaba conseguir la beca».

Ramiro Perrotta se recibió de Licenciado en Biotecnología en 2015 en la Universidad de Quilmes

Fue así como aplicó a una beca de postdoctorado para trabajar en la «resucitación» del mamut que impulsó la organización sin fines de lucro «Revive & Restore» (en español, Revivir y restaurar). «Apliqué en marzo, tuve algunas entrevistas, entregué algunos trabajos y en agosto me definieron que había sido seleccionado. En enero próximo tengo que viajar a trabajar», comentó Perrotta a Zonales.

Cómo se intentará devolver a la vida al mamut lanudo

Desde hace un tiempo, la ciencia se ha encargado de aclarar que, a diferencia de lo que ocurre con la película Jurassic Park, es imposible resucitar una especie prehistórica mediante la intervención en su ADN. Básicamente porque no quedan restos de material genéticos que puedan ser leídos.

Se usará el ADN de una especie familiar como lo es el elefante asiático que comparte con el mamut el 99,6% del genoma. El equipo de científicos del Dr. George Church ya identificó 50 genes que codifican para rasgos que otorgan resistencia al frío que incluyen pelo, orejas más pequeñas, formas de hemoglobina adaptadas a las bajas temperaturas y la producción de tejido adiposo excesivo como características principales de la especie prehistórica.

El científico trabajará con la técnica de edición genética en el ambicioso proyecto.

Se utilizará la técnica de edición genética (CRISPR), un avance desarrollado por las científicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna y por el cual el año pasado fueron reconocidas con el Nobel de Química. «A través del uso de la herramienta de edición genética, mi función será la de trasladar la información contenida en el genoma de los mamuts a células de elefante con el objetivo de testear qué genes serán necesarios para revertir el proceso de extinción y generar elefantes híbridos resistentes al frío», explicó Perrotta.

Con el uso de esa técnica, buscarán generar un embrión de elefante asiático con el genoma modificado para que, si nace y crece, se parezca a un mamut de la era prehistórica. En ese sentido, el oriundo de Quilmes retirará el ADN del núcleo de un óvulo de elefante asiático y lo reemplazará con el núcleo de una célula con ADN previamente alterado para que incluya genes de mamut. Luego, el embrión se instalará en elefantes asiáticos u africanos para obtener crías híbridas. O también se evalúa crear un útero artificial para la gestación.

La importancia ambiental de que el mamut vuelva a la vida

Perrotta reconoce que el proyecto también despierta algunas discusiones éticas. «Hay gente a favor y en contra de la manipulación genética», manifestó. Hay antecedentes cercanos que han puesto en relieve esa discusión, como el caso de científico chino He Jiankui, que fue condenado a tres años de cárcel en 2019 por llevar a cabo, de manera ilegal, la edición genética de varios embriones humanos con fines reproductivos.

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Sin embargo, para el biotecnólogo de la UNQ, la importancia de esta iniciativa (que tendrá más de U$S 15 millones de financiamiento privado) radica en los fines que busca: «Esto no es algo tendencioso o que se hace por el hecho sólo de contar con la tecnología para llevarlo a cabo. Esto viene desde hace muchos años, desde el 2013, y se quiere tratar de combatir el calentamiento global y ayudar en la conservación del elefante asiático que hoy está en peligro de extinción».

Así es la tundra, que se extiende del norte de Estados Unidos hacia Rusia y China: el hábitat del mamut lanudo.

Los mamuts solían vivir en la tundra, una región que comprende desde el norte de Estados Unidos hasta Rusia y China. En el invierno, las grandes capas de nieve que se forman en estas regiones actúan como aislantes y promueven la elevación de la temperatura del suelo. Debajo de esos hielos hay materia orgánica que data de millones de años congelada permanentemente (denominada permafrost) y si los hielos de descongelan, la materia puede llegar a descomponerse y sus gases (más de 1,6 mil millones de toneladas de carbono) producir estragos en el cambio climático.

La presencia del mamut allí, por su peso, permitiría compactar los depósitos de nieve, lo que favorecería la refrigeración del suelo. También tienen la capacidad de derribar árboles, que absorben la luz e incrementan la temperatura en los ecosistemas árticos, algo que se busca evitar.

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