El día que dos grandes ídolos de Boca bajaron de un helicóptero en la Bombonera por un cumpleaños
Fue a fines de los 80, tiempos en los que eran mucho más fuertes las hazañas de años anteriores que las recientes. En ese contexto, Ángel Clemente Rojas y Antonio Rattin protagonizaron un momento inolvidable.

Ángel Clemente Rojas, Antonio Rattin y el helicóptero.
En la segunda mitad de los 80, cuando no había obsesión por la Copa Libertadores -entre otras cosas porque la jugaba con escasa frecuencia- ni inquietud por reformar una Bombonera que alcanzaba para albergar a locales e incluso visitantes de buena convocatoria, las acciones de marketing eran mínimas en Boca. Se lo reconoce a Alberto J. Armando como pionero en la materia, sobre todo por el patentamiento de marcas como La Mitad Más Uno, pero el hombre ya transitaba sus últimos años, lejos de los sillones del poder.
En 1987, sin embargo, hubo una movida revolucionaria para la época que generó gran repercusión. El domingo 5 de abril, 48 horas después de la celebración del 82º aniversario de su fundación, Boca tiró el estadio por la ventana, como se decía entonces, con una fiesta espectacular. El momento más glamoroso de la reunión fue el aterrizaje sobre el césped de la cancha de un helicóptero del que descendieron dos íconos de la institución: Ángel Clemente Rojas y Antonio Ubaldo Rattin.
Cancha llena, festejo y triunfo de Boca
Se disputaba la fecha 35 del campeonato correspondiente a la temporada 1986/87. Siete equipos peleaban por el primer puesto en un torneo largo de altísima paridad: los dos rosarinos, Central -al cabo campeón- y Newell’s; Independiente, Boca, Racing, San Lorenzo y Ferro, con algunos sobrevivientes de la época dorada de Carlos Timoteo Griguol y su ayudante Carlos Daniel Aimar al mando.
Boca recibía a Deportivo Español. Los Xeneizes habían arrancado muy mal el certamen, pero la llegada de César Luis Menotti revitalizó al plantel. Se sucedieron siete victorias consecutivas y la chance de luchar por el título había dejado de ser una quimera.
Por los altoparlantes de una Bombonera colmada se comunicó el 11 inicial de Boca: Hugo Gatti; Luis Abramovich, Jorge Higuaín, Hugo Musladini (“Pichón de Passarella”, lo había bautizado el Flaco Menotti) y Enrique Hrabina; el boliviano Milton Melgar, Fabián Carrizo y Carlos Tapia; Alfredo Graciani, Jorge Rinaldi y Jorge Comas.

El aliento ensordecedor de la gente disminuyó a medida que empezó a escucharse el vuelo de un helicóptero sobre el estadio. La nave logró posarse en el pasto, levantando algo de tierra, y el público estalló cuando se anunció que los dos pasajeros estelares del transporte eran Antonio Rattin y Ángel Rojas.
El Rata, máximo paladín de la garra boquense, y Rojitas, crack de la cintura imprevisible y los golazos, estaban ahí, juntos, simbolizando la historia de Boca, resumiendo su gloria. La ovación para ambos solo fue comparable a la tributada al Loco Gatti, rival de ambos en sus comienzos y amado por el Jugador Nº 12 desde su arribo en 1976. Desde la platea aplaudían Antonio Alegre y Carlos Heller, presidente y vice, artífices de la recuperación institucional del club.
La tarde concluyó con alegría. La Chancha Rinaldi (de penal) y Comitas marcaron para un triunfo por 2-1 sobre el cuadro gallego, dirigido como de costumbre por la dupla Oscar López-Oscar Caballero.
Hermanos dentro y fuera de la cancha
Rojitas nació en Sarandí, partido de Avellaneda, el 28 de agosto de 1944. Nueve con capacidad de armado y definición, debutó en la Primera de Boca el 19 de mayo de 1963 y fue una de las figuras en un contundente 3-0 ante Vélez. Rattin es del 16 de mayo de 1937.
Se crió en el municipio de Tigre y la camiseta azul y oro fue la única de club que usó durante toda su carrera, extendida desde 1956 hasta 1970. Clásico volante central, en el estreno le tocó enfrentar a River en la Bombonera y marcar al ya veterano Ángel Amadeo Labruna. Los Xeneizes ganaron 2-1.

Hace poco más de un año, cuando Ángel Clemente cumplió 80, el club organizó una celebración para familiares y personas de vínculo cercano. Al ídolo, por supuesto, le hubiera gustado tener cerca a Rattin, al que considera su hermano mayor, pero problemas de salud impidieron la presencia del inolvidable caudillo de la década del 60.







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