Una ventana a la nostalgia: cómo son las carreras de autitos a piolín, una tradición de San Isidro que no pierde vigencia
Son gratuitas, organizadas por el Museo del Juguete de San Isidro junto al San Isidro Automóvil Club, y cada vez es mayor el número de vecinos que participan. Cömo es el reglamento.

A quien no tiene su propio autito, el museo le presta uno.
En tiempos de tanta PlayStation, y de una tecnología cada vez más avanzada, en San Isidro hay una ventana a la nostalgia: desde hace 13 años se realizan las carrera de autitos a piolín, y en cada edición convoca a un número mayor de vecinos.
La última cita fue el sábado 14 de marzo en el Paseo Arenaza de Boulogne, donde se reunieron grandes y chicos para disfrutar por igual. Todo es organizado por el Museo del Juguete de San Isidro junto al San Isidro Automóvil Club. Y la propuesta es muy simple, pero irresistible.
Lo único que se necesita es un autito, un piolín y muchas ganas de pasarlo bien. Y, claro, de hacer avanzar el vehículo lo más rápido posible.
Carreras de autitos a piolín: el podio es lo de menos
Según el reglamento de la competencia, pueden participar personas de 2 a 99 años. Y si alguien no tiene su propio autito, el museo le presta algunos de los prototipos.

La carrera, en tanto, se divide en seis categorías con distancias adaptadas a cada edad, desde Duravit, Matchbox y Scalextric, hasta la siempre divertida Bonus Track/Jeep Loco, donde no hay límite de edad ni de tamaño del vehículo.
“Esto nace en los primeros años del museo como una reversión de una carrera clásica que se hace en Jáuregui. La idea era reproducir una versión Boulogne, y para eso nos asociamos con el San Isidro Automóvil Club”, contó la directora del museo, Martina López Brazzola.
Si hay algo que nunca cambió en este tiempo es su espíritu de que lo que menos importa es lograr un podio: “Siempre hicimos hincapié en que no es una competencia sino un juego. No importa quién gana, sino el encuentro alrededor de un juguete artesanal”.
En tanto, con los años se fueron sumando algunos guiños al automovilismo profesional. Por ejemplo, el famoso “Parque Cerrado”, donde se exhiben los autos antes de correr, o la “prueba de tanques llenos”, una largada colectiva para que los chicos conozcan el circuito.
Incluso, y por si faltaba algo para completar el espectáculo, en la última carrera hubo banderilleros, cronometristas y un locutor de automovilismo profesional relatando cada maniobra.
San Isidro, sede de un encuentro entre generaciones
“Jugamos mucho con las referencias a las carreras de autos de verdad. Y este año incluso agregamos un pequeño desfile de autitos en el escenario, para darle más protagonismo a los vehículos que muchas familias construyen durante semanas o meses”, añadió López Brazzola.

Al respecto hay que decir que en la pista se suelen ver desde modelos minimalistas hasta verdaderas obras de ingeniería casera hechas con madera, chapitas, juguetes reciclados y mucha imaginación.
Lo más destacable de todo, como marcó la directora, es que «el juguete es un objeto que abre conversaciones entre generaciones, entre abuelos, padres y nietos; entre adultos y chicos”.
Y completó: “Hoy no abundan las invitaciones a jugar. Muchas veces uno sale a ver algo, una película, una muestra. Acá la propuesta es distinta, venir a pasar un rato jugando en familia”.
Quien quiera descubrir más sobre las carreras de autitos a piolín, enterarse cómo sumarse y conocer el reglamento completo, puede ingresar al siguiente link.







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