La amistad y la pasión por los trenes los llevó a armar un fabuloso museo sobre rieles en Escobar
El club Ferroamigos fundó el Museo del Tren. Allí mantienen vivo el patrimonio ferroviario con piezas de 1912, simuladores de conducción y una impactante maqueta de ferromodelismo que recrea la vida cotidiana en miniatura. Una propuesta imperdible.

El Museo del Tren de Ferroamigos Escobar, ubicado en Colón al 500, abre sus puertas el primer y tercer sábado de cada mes, de 15 a 18,
Las A pocos metros de la estación Escobar del tren Mitre, en el ramal que une Villa Ballester con Zárate, existe un museo donde el tiempo parece haberse detenido entre rieles y locomotoras. Se trata de Ferroamigos Escobar, un club de socios unidos por una pasión inquebrantable que se dedica a preservar el patrimonio ferroviario, pieza fundamental de la construcción territorial y social de la Argentina.
En su sede de Colón al 500, que funciona en el antiguo galpón de cargas del ferrocarril, han dado vida al Museo del Tren, un espacio que atesora desde reliquias centenarias hasta una impactante maqueta de ferromodelismo.
Abre sus puertas al público el primer y tercer sábado de cada mes, en el horario de 15 a 18, invitando a los vecinos a sumergirse en un universo donde conviven la historia y el arte en miniatura.
Un maravilloso mini mundo ferroviario en Escobar
Uno de los mayores atractivos que cautiva a los visitantes es, sin dudas, la maqueta de ferromodelismo de 10 x 5 metros. Construida en una escala H0 1:87 -87 veces más pequeña que el tamaño real-, esta obra artesanal despliega un nivel de detalle asombroso: minúsculos pasajeros esperan en el andén, mientras en un sector gastronómico una mujer prepara choripancitos en un food truck minucioso.

La escena cobra vida con un equipo de bomberos combatiendo un incendio forestal, un partido de fútbol de barrio donde el árbitro cobra una falta y escenas rurales donde un vecino ordeña su vaca. Incluso se pueden observar detalles mínimos como deportistas ejercitándose junto a un lago con patos o una persona utilizando el baño químico de la estación, todo bajo el rítmico paso del tren eléctrico que recorre el circuito.
Los Ferroamigos, que el año pasado celebraron con orgullo sus 30 años de trayectoria, han realizado hazañas notables para nutrir su colección. Entre sus piezas más valiosas se encuentra una antigua locomotora a vapor de 1912, fabricada en Inglaterra para el Ferrocarril Central Argentino.
Traer esta mole de hierro desde Campana hasta Escobar fue una tarea titánica que requirió el apoyo de la Municipalidad para destrabar sus ruedas, inmovilizadas por décadas de abandono, y lograr que volvieran a girar sobre los rieles. Este esfuerzo de restauración es el corazón del club, que busca recuperar el valor de las máquinas que forjaron el desarrollo económico del país.
Además de las formaciones a escala real, el museo ofrece joyas como la reproducción del Viejo Expreso Patagónico «La Trochita», construida por el fundador del club, Eugenio Carballo, junto a su padre. Los entusiastas de la tecnología ferroviaria también pueden ocupar el asiento del maquinista en un comando «Puma» recuperado de las líneas Mitre o Sarmiento, transformado en un simulador de conducción.

Para completar la inmersión histórica, el predio cuenta con una boletería antigua ambientada con su campana original, relojes de estación y los clásicos boletos de cartón ordenados en taquillas de madera.
La entrada general tiene un valor de $5.000, mientras que para jubilados y menores de 12 años el costo es de $3.000. Los menores de 6 años y personas con discapacidad cuentan con acceso libre y gratuito, consolidando al museo como una opción cultural accesible y educativa para toda la comunidad del Conurbano norte.







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