19 de Mayo de 2022

Luis Scola, el 5 veces olímpico que comenzó a jugar al básquetbol desde chiquito en Ciudad Jardín

Tres de Febrero. Deportes
·
3 de agosto de 2021

En Tokio, aplaudido hasta por los australianos, se produjo su despedida de la Selección, en la cual debutó hace más de dos décadas. A los 41 años su campaña lo vuelve una leyenda que excede los límites del deporte argentino.

Luis Scola tenía apenas tres años cuando acompañaba a su padre a los partidos del torneo de la Federación Regional de Básquetbol de Capital Federal. Mario Scola, un pivote de dos metros y monedas, se movía con oficio en la zona pintada y su pequeño hijo lo observaba con fascinación. En el regreso a la casa familiar de Ciudad Jardín el chico preguntaba, quería aprender. Y algunas cosas intentaba ejecutar en la cancha de Afalp, la Asociación de Fomento Amigos Lomas del Palomar.

Mario Scola, padre de Luis, en el viejo torneo de Capital, también con el número 4.

«Cuando vino al club y yo le decía cómo ubicarse, dónde poner los pies, él ya lo sabía», recuerda Adrián Amasino, su primer entrenador en Ciudad de Buenos Aires, donde Luis empezó a llamar la atención desde Premini, la categoría más baja. Pronto se hizo conocido, sobre todo después de que en un partido los árbitros le pidieran que evitara volcar la pelota para no molestar a rivales mucho más pequeños. Alguna vez rompió un percudido tablero de madera por colgarse del aro, seguramente mal ajustado…

El primer viaje de Luis al exterior con una Selección.

Luis Scola, un símbolo de la Selección

Desde su debut a los 16 años en la Liga Nacional con la camiseta de Ferro, Luis Scola desarrolló una magnífica carrera de clubes. Igualmente, el aspecto más destacado de su trayectoria se vincula, desde 1999, con la Selección mayor. Fue en la segunda jornada del Campeonato Sudamericano que se disputó en Bahía Blanca. A partir de ahí, con talento y sobre todo con esfuerzo («nadie podrá decir que no trabajé», declaró apenas terminado el partido) se transformó en el jugador de más presencias y puntos en la historia del equipo nacional. 

Scola, ya con 19 años, venía de disputar su primera temporada en Europa. Contratado inicialmente por Baskonia, un poderoso club que en básquet les pelea a Real Madrid y Barcelona, había sido cedido al Gijón, de la segunda categoría en España, hasta terminar los trámites de su pasaporte comunitario. A pesar de su juventud ya era protagonista en ese equipo, que logró subir a la máxima división. 

Un juvenil Scola, en su llegada a España.

Para aquel Sudamericano en la Capital Nacional del Básquet, el entrenador Julio Lamas había tenido que lidiar con numerosas ausencias, por distintos motivos, para armar el plantel y recurrió a muchos de los jóvenes valores que venían surgiendo (en ese torneo también debutaron Andrés Nocioni, Hernán Jasen, Leandro Palladino y Leo Gutiérrez, todos retirados antes de Scola). 

Luifa no pudo estar en el inicio del torneo (amplia victoria sobre Perú) por una molestia en el tobillo y, por eso, hizo su presentación recién en el segundo juego, contra Ecuador, que terminó con otro claro triunfo, 111-37. Allí, luciendo un poco habitual número 9, anotó 12 puntos y anudó un lazo fortísimo con la Selección que incluyó cinco Juegos Olímpicos (una medalla de oro en Atenas 04 y una de bronce en Beijing 08); cinco Mundiales (dos medallas plateadas y el récord de mayor cantidad de partidos disputados) y nueve FIBA Américas (siempre en el podio) para completar 173 partidos oficiales con la Selección Argentina. 

Despedida con honor para Luis Scola

Con la caída ante Australia ya irreversible, el entrenador Sergio Hernández decidió sacar a Luis Scola. Apenas había convertido siete puntos y bajado cuatro rebotes en algo más de 25 minutos. La escena que se vivió entonces fue pocas veces vista en competencias de esta índole. Se detuvo el partido y durante casi dos minutos toda la asistencia, incluido el plantel contrario, le dedicó un emotivo aplauso que conmovió a Luifa, un duro dentro de la cancha que aflojó ante la emoción de esa circunstancia.

El saludo, con la cabeza baja para ocultar las lágrimas del momento.

«Me voy en paz, puedo dormir tranquilo», respondió Scola en una entrevista con la TV Pública, ya secas las lágrimas. Días antes, en la Villa Olímpica, la judoca Paula Pareto recibió también un gran reconocimiento por parte de la delegación argentina.

Suelen suceder estas cosas cuando una gran figura del deporte toma la siempre difícil decisión del retiro. El DT Hernández, también sacudido, declaró: «Envidio a las personas que estarán cerca de Luis Scola en el futuro. Yo lo voy a extrañar». Seguramente no será el único.

Con sus puntos en Tokio, es el sexto goleador en la historia de los Juegos Olímpicos.

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