La Leoncita del SIC que se hizo monja, vive en un convento en Suiza y sigue el hockey por streaming
María Belén Simmermacher integró una de las camadas que sentó las bases del éxito de Las Leonas. A los 23 años dejó el deporte de alto rendimiento para ingresar a un convento: “Dios quería otra cosa para mí”, dijo.

Maria Vergine dei Tramonti, en la Baísilica de San Pedro.
Ser parte de un seleccionado nacional suele ser el sueño máximo para cualquier deportista. En el hockey argentino, además, vestir la camiseta celeste y blanca implica formar parte de una historia de éxito que marcó a generaciones enteras. Sin embargo, no todos los caminos terminan dentro de una cancha.
Ese fue el caso de María Belén Simmermacher, ex jugadora del San Isidro Club (SIC) y una de las integrantes de Las Leoncitas que obtuvieron la medalla de plata en el Mundial Junior de Buenos Aires 2001. Cuando parecía encaminada a consolidarse en la élite del hockey, decidió abandonar el deporte para abrazar una vocación completamente diferente.
Hoy, bajo el nombre religioso de Maria Vergine dei Tramonti, vive en un convento en Lausana, Suiza, dirige una residencia universitaria católica y, aunque su vida cambió por completo, sigue cada presentación de Las Leonas por streaming desde Europa.
Del SIC y Las Leoncitas a una vida de fe
Simmermacher tenía apenas 17 años cuando fue convocada al Mundial Sub-21 disputado en Quilmes en 2001. Aquel equipo, dirigido por Sergio «Cachito» Vigil, terminó consiguiendo la medalla de plata y reunió a varias jugadoras que luego marcarían una época en el hockey argentino.

El propio Vigil la definía como «una gran promesa de buen juego», destacando su aporte al grupo incluso cuando no le tocaba estar dentro del campo de juego. Para ella, integrar aquel seleccionado significó una experiencia que la acompañaría para siempre.
Después del Mundial continuó jugando en el SIC, estudió la Licenciatura en Economía en la Universidad Católica Argentina, trabajó en empresas privadas y llegó a entrenar categorías juveniles del club. Todo indicaba que seguiría ligada al hockey de alto rendimiento.
Sin embargo, hacia fines de 2005 tomó una decisión que sorprendió a quienes la conocían.
«Dejé voluntariamente el seleccionado y el hockey en el San Isidro Club. Fue una decisión ligada al proceso de discernimiento vocacional que estaba viviendo. He visto muy claro que Dios quería otra cosa para mí», explicó en diálogo con Clarín.
Vive en un convento en Suiza y sigue alentando a Las Leonas
En 2006 ingresó al noviciado del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, donde adoptó el nombre religioso Maria Vergine dei Tramonti. Tras realizar sus primeros votos en 2007, continuó su formación en Italia, donde estudió Filosofía, Teología y Derecho Canónico, además de desempeñarse como maestra de novicias.

Desde 2020 reside en Lausana, Suiza, donde dirige la residencia universitaria católica Foyer Bon Accueil. Allí vive junto a otras dos religiosas y acompaña a jóvenes universitarias, además de participar en distintas tareas pastorales con familias y niños.
Aunque pasaron más de veinte años desde que dejó el hockey, asegura que nunca perdió el vínculo emocional con el deporte. Cuenta que sigue los resultados de la Pro League, los Mundiales y los grandes torneos internacionales, muchas veces por streaming o a través de los medios, y que incluso sus sobrinas la ayudan a mantenerse actualizada sobre la actualidad de Las Leonas.
«Sigo amando el hockey y estoy al tanto de los resultados«, afirmó, recordando además que años atrás pidió autorización para asistir a un partido de Las Leonas en Roma cuando el seleccionado realizó una gira por Italia.
La historia de María Belén Simmermacher demuestra que el éxito puede tomar caminos muy distintos. De promesa del hockey argentino y jugadora del SIC pasó a dedicar su vida por completo a la fe. Desde un convento en Suiza sigue alentando a Las Leonas, conservando intacto el cariño por el deporte que marcó su juventud, aunque convencida de que su verdadera vocación estaba lejos de las canchas.







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