25 de Octubre de 2021

Ya hay una cancha que rinde homenaje a Ángel Guastella, notable maestro e impulsor de un rugby más popular

Tigre. Deportes
·
23 de septiembre de 2021

El Club Pueyrredón decidió llamar así a su principal campo de juego. Papuchi, como se lo conocía en el ambiente, fue fundador y emblema de la institución ahora establecida en Benavídez.

Desde este fin de semana la cancha número uno del Club Pueyrredón, en Benavídez, se denomina Ángel Guastella (1931-2016). Es un homenaje merecidísimo a quien fuera uno de los fundadores y el máximo símbolo de esa institución, maestro de varias generaciones de jugadores, entrenador de Los Pumas en su gira bautismal de 1965 y firme defensor de un rugby popular, sin distinciones.

«Para mí no debe haber condicionamientos sociales ni económicos para jugar al rugby. El único requisito para entrar a una cancha y practicarlo es ser buenas personas», solía decir Ángel Guastella, partidario de incluir a su deporte en la currícula de las escuelas y hasta en los campings de los sindicatos.

Desde esta semana, la cancha 1 de Pueyrredón lleva el nombre de su máximo referente.

Desde La Boca salió Ángel Guastella, un campeón

Nació y se crió cerca de la vieja cancha de tablones de Boca, donde quedó cautivado con Ernesto Lazzatti. No solo admiraba la fina técnica del volante bahiense, sino la ejemplaridad de su conducta, el respeto que generaba entre rivales y la amplitud de su vocabulario. Él trató de seguir ese modelo, incluso en un deporte donde las fricciones resultan permanentes y los peligros de reacción son altos.

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«Inteligencia táctica y autocontrol emocional», acostumbraba a responder Guastella cuando le preguntaban por las principales virtudes que buscaba en un rugbier a la hora de seleccionarlo.

Fue jugador en la década del 50, cuando el rugby argentino empezó a llamar la atención en algunos partidos internacionales. Se caracterizaba por su buen pase, su capacidad para leer el juego y su sencillez para contarlo.

«En el rugby hay tres fases: posesión, utilización y recuperación. Son claves la circulación de la pelota y el movimiento de los jugadores. ¿Para qué chocar si es posible evadir?», comentaba en charlas o escribía en artículos que les enviaba a periodistas conocidos.

Siempre gustó del estilo suelto, abierto, dinámico. Aunque no era de consumir bebidas alcohólicas, el denominado rugby champagne de Francia lo maravillaba.

Ángel en su época de jugador: un apertura con destrezas y panorama.

Al margen de sus habilidades como apertura, la contribución más relevante de Ángel Guastella al rugby fue como entrenador. En tal carácter participó de una extensa gira del seleccionado argentino a Sudáfrica, en 1965, hito fundacional de Los Pumas.

Compartió la conducción con su amigo Alberto Camardón, de Belgrano Athletic. Ambos potenciaron a un grupo de grandes jugadores, como Héctor Silva, Aitor Otaño, Arturo Rodríguez Jurado, Adolfo Etchegaray, Richard Handley -luego uno de los banqueros más influyentes del país- y Luis García Yáñez, que con el tiempo se convertiría en médico del plantel.

Fue entrenador de Los Pumas en tres ciclos. Aquí, en el Sudamericano de Chile 1969.

La relación de Ángel Guastella con Hugo Porta

Hugo Porta era un medio scrum que se destacaba en Banco Nación. Ángel Guastella lo llevó al seleccionado y lo convenció de que podía rendir más como apertura, gracias a su formidable pegada con ambos pies. Así se gestó la leyenda de uno de los grandes rugbiers argentinos de todos los tiempos, elegido en 1985 como el mejor del mundo en su puesto.

Guastella y Hugo Porta, cuando el histórico capitán de Los Pumas ganó el Olimpia de Oro (1985).

Como a todos los de la vieja escuela, a Papuchi -el apodo con el cual se lo identificaba en el ambiente- le costó aceptar el giro del rugby hacia el universo profesional. «El amateurismo te garantiza la libertad», reflexionaba.

Ángel Guastella vivió sus últimos años en San Miguel de Tucumán. Lo llevaron para que les transmitiera los secretos del rugby a los más chicos. Ojo agudo, atento, fue uno de los primeros en avisar que Nicolás Sánchez podía convertirse en el Hugo Porta de este siglo.

Pueyrredón, el club donde invirtió sus mayores esfuerzos, quiso que el nombre de Ángel Guastella quede grabado para siempre en su predio de Benavídez, municipio de Tigre. Es una linda manera de recordar, a poco de cumplirse cinco años de su fallecimiento, a alguien que dedicó gran parte de su vida a enseñar cómo desenvolverse en una cancha de rugby.

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