Anthill, el bourbon argentino que nació en un asado en Escobar gracias al presentimiento de tres amigos
Con una producción artesanal de solo 100 botellas mensuales y el uso de robles de una quinta local, está pensado para todos los paladares. Una apuesta por la calidad extrema y el «slow drink» frente al consumo masivo.

Todo comenzó una noche de asado en la Quinta "El Hormiguero" de Escobar, de ahí el nombre "Anthill Bourbon".
La génesis de Anthill Bourbon se remonta a una típica noche de amigos y brasas en la Quinta «El Hormiguero», un rincón emblemático de la Zona Norte bonaerense. Entre charla y asado, Guido, Alejandro y Diego -de Escobar y fundadores del proyecto- tuvieron una epifanía sobre el futuro del consumo: «Vimos que la ‘fiebre’ por la cerveza artesanal iba a pasar. Lo que se venía era el whisky artesanal», recuerdan con claridad.
Esa visión de mercado, lejos de quedarse en una anécdota de quincho, se convirtió en el motor de una destilería propia bautizada precisamente como «Anthill» (hormiguero en inglés).
Lo que separa a este bourbon de las opciones de góndola es su conexión visceral con la tierra donde se produce. El secreto mejor guardado de la marca reside en su proceso de añejamiento, donde utilizan astillas de robles de más de 80 años que crecen en la propia quinta familiar.

Esta madera casi centenaria le aporta al destilado una personalidad auténtica y notas imposibles de replicar mediante procesos químicos. El camino hacia la fórmula perfecta demandó más de dos años de ensayo y error, trabajando una receta basada en ingredientes naturales como maíz, trigo y centeno, prescindiendo totalmente de conservantes.
Anthill, de Escobar al paladar: la historia del bourbon
La filosofía de la destilería El Hormiguero es la del control total. «Hacemos todo el proceso, desde el mosto en adelante, hasta el embotellado y el etiquetado de las botellas», explican sus creadores, quienes priorizan la excelencia por sobre el volumen.
Esta obsesión por la calidad los lleva a decisiones drásticas: si una partida no alcanza los estándares buscados, se descarta sin miramientos. «Volvemos a empezar todas las veces que sean necesarias», sentencian, reforzando el concepto de que lo artesanal no admite atajos.
Con una producción boutique que apenas alcanza las 100 botellas al mes, Anthill busca ser un producto exclusivo pero cercano. “Si creces demasiado te convertís en uno más y no es la idea”, aseguran. El resultado es un líquido de color ámbar, con marcadas notas de caramelo y un sutil ahumado, definido por sus propios autores como un “whisky para los que no son tomadores asiduos de whisky”, gracias a su final suave y redondo que facilita la entrada a quienes recién se inician en el mundo de los destilados.

El producto se posiciona como una alternativa de regalo original y accesible, con un precio que ronda los $40.000 la botella de 500 cc. Representa no solo un obsequio, sino una historia de amistad y tenacidad 100% argentina. Para quienes deseen degustarlo, se puede encontrar en vinerías especializadas como Bebidas Argentinas (en el barrio porteño de Núñez), contactarse por WhatsApp al 11-5718 9512 o a través de su perfil de Instagram: anthill_bourbon.
Copetín Fiat, el increíble bodegón de Caseros que inventó el sánguche más raro y celebró sus 60 años
La historia del bourbon comienza a finales del siglo XVIII en lo que hoy es el estado de Kentucky, Estados Unidos. Colonos escoceses, irlandeses y alemanes llegaron a la región trayendo consigo sus alambiques y el conocimiento de la destilación. Sin embargo, se encontraron con un problema: en estas tierras no crecía bien la cebada (base del whisky europeo), pero el maíz era abundante y crecía con una fuerza increíble.
Los granjeros empezaron a destilar este cereal nativo para conservar sus cosechas y obtener un producto con valor de cambio. El nombre proviene probablemente del condado de Bourbon en Kentucky (bautizado así en honor a la casa real francesa Borbón), que era el principal puerto de embarque por el río Ohio hacia Nueva Orleans.

Para que un whisky pueda llamarse legalmente Bourbon, debe cumplir con reglas estrictas establecidas por el Congreso estadounidense en 1964, que lo declaró «un producto distintivo de los Estados Unidos»:
- Materia prima: La mezcla de granos (llamada mash bill) debe contener al menos un 51% de maíz.
- Sin aditivos: No se permite agregar colorantes ni saborizantes. El color y el sabor provienen 100% del grano y la madera.
- Barricas nuevas: Debe añejarse exclusivamente en contenedores de roble nuevo carbonizado. A diferencia del whisky escocés, que suele usar barricas usadas, el bourbon requiere madera virgen.
- Graduación alcohólica: No puede entrar a la barrica a más de 62.5% de alcohol, lo que garantiza que el sabor del grano no se pierda en el proceso.
Tras sobrevivir a la Ley Seca en los años ’20 y a la competencia del vodka en los ’70, el bourbon vive hoy una era dorada. La aparición de los «Small Batch» (partidas limitadas como es el caso de Anthill) y los «Single Barrel» (un solo barril seleccionado) elevó la categoría, pasando de ser una bebida «de cowboy» a un objeto de culto para coleccionistas y amantes de la coctelería clásica, como el Old Fashioned o el Manhattan.
Hoy, proyectos como Anthill en Buenos Aires rescatan esa tradición centenaria, demostrando que, aunque el origen es norteamericano, la pasión por el buen destilado no tiene fronteras.







Hacé tu comentario