Volvió el trueque al Conurbano: en Pilar cambian ropa por alimentos y ya se replica en diferentes barrios

Pilar. Sociedad
·
15 de octubre de 2026

El Club del Trueque comenzó a funcionar en Villa Astolfi y ya tuvo tres encuentros. La mayoría de quienes participan son mujeres que ofrecen prendas, calzado y otros objetos a cambio de harina, fideos, aceite o azúcar.

Ropa que ya no se usa por paquetes de fideos. Un pantalón de jean a cambio de harina y azúcar. Prendas de bebé por yogur y galletitas. En Villa Astolfi, partido de Pilar, una práctica que parecía haber quedado asociada a otras épocas volvió a aparecer como alternativa para familias que buscan cubrir gastos cotidianos.

El denominado Club del Trueque ya realizó tres jornadas presenciales y, al mismo tiempo, mantiene activo un grupo de WhatsApp donde vecinos coordinan durante la semana qué productos tienen disponibles y qué quieren recibir a cambio. La propuesta comenzó en Villa Astolfi, pero empezó a extenderse hacia otros barrios y localidades de Pilar.

Los primeros dos encuentros se hicieron en la Sociedad de Fomento barrial, que cedió el espacio, mesas, sillas, agua caliente y baños. Para la tercera jornada, la feria se trasladó a la plaza ubicada cerca de la estación Villa Astolfi.

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La cantidad de participantes creció rápidamente. En la primera convocatoria hubo unas 50 personas y el grupo de WhatsApp tenía alrededor de 75 integrantes. Para el segundo encuentro ya había 80 puestos reservados y más de 180 personas dentro del grupo.

Ropa por comida, la combinación que más se repite

Según explicó una de las organizadoras, Ana Barreto, aproximadamente el 95% de quienes participan son mujeres y la combinación más habitual es entregar ropa o calzado, nuevo o usado, a cambio de alimentos, contó a Clarín.

Entre los productos más buscados aparecen harina, fideos, puré de tomate, aceite, azúcar y arroz. Una de las participantes, por ejemplo, publicó un jean usado y pidió a cambio harina y un kilo de azúcar. Otra ofreció ropa de bebé y buscó recibir yogur bebible y galletitas.

“Hoy trueque”, anuncia el pasacalles colocado en la Sociedad de Fomento del barrio Villa Astolfi, donde se realizaron los dos primeros encuentros.

Silvia Amarilla, de 46 años y madre de seis hijos, participa desde la primera edición. Habitualmente lleva prendas o zapatos que ya no utilizan en su casa y busca transformarlos en mercadería. En otras oportunidades prepara pan casero o sándwiches de milanesa para vender y, en esos casos, prefiere recibir dinero porque necesita recuperar lo invertido.

La mujer explicó que todavía tiene tres hijos menores y que, aunque los mayores trabajan, los ingresos del grupo familiar no alcanzan para afrontar todos los gastos. Incluso contó que llegaron a pedir un préstamo para comprar comida y señaló el peso que tiene actualmente el transporte para quienes deben tomar varios colectivos cada día.

El trueque, de todos modos, no se limita a ropa y alimentos. También circulan juguetes, herramientas, artículos de bazar y hasta servicios, como trabajos de peluquería.

No existe una equivalencia fija. Las dos personas involucradas acuerdan directamente qué vale cada producto y, cuando consideran que existe una diferencia importante, pueden completar el intercambio con una parte en dinero.

WhatsApp, precios bajos y una experiencia que empezó a multiplicarse

El club funciona en realidad con tres modalidades simultáneas. La primera es el trueque tradicional, producto por producto. La segunda consiste en vender mercadería nueva o usada a precios más bajos que los habituales. Según sus organizadores, pueden encontrarse prendas por alrededor de $1.000 o zapatillas por unos $5.000.

La tercera modalidad ocurre antes de llegar a la feria. En el grupo de WhatsApp, cada vecino publica fotografías de lo que ofrece y detalla qué necesita recibir. De esta manera, muchos intercambios quedan prácticamente acordados antes de concretarse personalmente durante el encuentro.

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La iniciativa surgió después de distintas asambleas vecinales en las que se discutió la situación económica de las familias de la zona. En ese marco se presentó un relevamiento del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana que, según los organizadores, indicó que el 77% de 1.300 familias encuestadas atravesaba algún grado de inseguridad alimentaria, desde reducir porciones hasta saltearse comidas o endeudarse para comprar alimentos.

Por ahora, uno de los principales obstáculos es conseguir un lugar estable. La próxima jornada en Villa Astolfi todavía no tiene fecha confirmada, justamente porque el grupo depende de espacios prestados para organizar los puestos.

La falta de una sede fija, sin embargo, no frenó la expansión. Vecinas que participaron de las primeras jornadas comenzaron a organizar grupos similares en Presidente Derqui y Río Luján, donde ya hubo experiencias propias. También llegaron consultas desde San Miguel y Malvinas Argentinas para conocer cómo funciona la dinámica y evaluar la posibilidad de replicarla.

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