Murió el Roña Castro: del gimnasio solidario de Temperley a una red de comedores que alimentaba al Conurbano
El excampeón mundial de boxeo falleció a los 59 años tras descompensarse en Morón. En sus últimos años había convertido la ayuda social en una parte central de su vida.

Jorge “Roña” Castro murió este miércoles a los 59 años después de descompensarse mientras se encontraba en el Bingo de Morón. La noticia provocó conmoción en el mundo del boxeo, donde quedó marcado para siempre por su título mundial y aquella histórica remontada frente a John David Jackson. Pero lejos de los rings, durante sus últimos años había construido otro vínculo profundo con el Conurbano bonaerense, a través de una red de comedores y merenderos que asistía a cientos de familias.
Todo había comenzado en Temperley, casi por casualidad. En marzo de 2020 Castro inauguró un gimnasio con la intención de enseñar boxeo y ofrecer un espacio para chicos y jóvenes del barrio. Apenas unas semanas después llegó la pandemia de coronavirus y el lugar tuvo que cerrar sus puertas para la actividad deportiva. Frente a las necesidades que veía alrededor decidió cambiar completamente su función.
Primero apareció una olla popular. Después fueron varias. Con el tiempo, aquella respuesta de emergencia terminó transformándose en una estructura solidaria permanente.
Al momento de su muerte, Castro tenía cuatro comedores propios en Lomas de Zamora y abastecía regularmente con alimentos a otros diez espacios comunitarios. También colaboraba con establecimientos de Almirante Brown, Ezeiza y Quilmes, y había comenzado a proyectar una nueva sede en Morón.
De una olla en Temperley a una red de ayuda en los barrios
Castro había explicado que la pandemia cambió su manera de mirar el gimnasio y también su propia vida. Las bolsas de boxeo quedaron colgadas durante meses y el espacio comenzó a utilizarse para cocinar. Familias enteras llegaban con recipientes para llevarse comida y, cuando la actividad deportiva pudo volver, la asistencia no terminó.
La organización fue creciendo hasta incluir reparto de mercadería y bolsones. Entre los productos que entregaban había arroz, polenta, yerba, azúcar, aceite, tomate, lentejas y arvejas. En el último tiempo había pasado de repartir unos 80 bolsones semanales a cerca de 100, debido al aumento de la demanda.

Para conseguir los alimentos utilizaba sus contactos y su reconocimiento público. Recibía colaboraciones de empresas, productores y vecinos, además de aportes oficiales. También había conformado la Asociación Civil El Roña Castro y contaba con personas que trabajaban varias horas por día preparando las ollas y organizando las entregas.
Durante 2025 había contado que notaba un cambio que lo preocupaba especialmente. Ya no eran solamente familias con chicos las que llegaban a pedir alimentos. Cada vez aparecían más jubilados e incluso personas que hasta poco tiempo atrás podían sostenerse económicamente.
“Ahora no vienen los pibes, viene la gente grande”, había resumido al relatar casos de personas de 70 años que llegaban llorando porque sus ingresos no alcanzaban.
El comedor para 500 personas que preparaba en Morón
El vínculo de Castro con el oeste del Conurbano también había comenzado a crecer durante el último año. Después de mudarse a Morón, anunció que abriría un comedor con capacidad para atender a unas 500 personas.
La iniciativa se sumaría a los cuatro espacios que administraba directamente en Lomas y a los diez que abastecía. Para Castro, esa tarea estaba íntimamente relacionada con su propia infancia. Había nacido en Caleta Olivia, Santa Cruz, y recordaba con frecuencia el hambre y el frío que atravesó cuando era chico. “Yo pasé hambre, pasé frío”, decía al explicar por qué no podía mantenerse indiferente frente a alguien que necesitaba un plato de comida.
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Su muerte ocurrió justamente en Morón, donde durante la madrugada de este miércoles sufrió una descompensación dentro del bingo ubicado sobre la calle San Martín. Personal médico acudió al establecimiento y constató su fallecimiento.
Castro había alcanzado la cima deportiva en 1994, cuando se consagró campeón mundial mediano de la Asociación Mundial de Boxeo. Su carrera profesional superó los 140 combates y lo convirtió en uno de los nombres más reconocidos del boxeo argentino.
Sin embargo, durante sus últimos años solía hablar casi tanto de ollas, bolsones y comedores como de aquella histórica noche en la que fue campeón. “Mientras que podamos ayudar, ayudamos”, había resumido sobre esa tarea.






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