De Burzaco a Estados Unidos: la historia del pibe de 21 años que vendió rosquitas y sus camisetas para cubrir el Mundial 2026
Bruno Coronel se recibió de periodista y cumplió la promesa que se hizo cuando vio a Messi campeón en Qatar. Cortó el pasto, repartió pan casero y hoy los hinchas le piden fotos en Miami. Ya se cruzó al «Diez» y va por la frutilla del postre.

Bruno Coronel es de Burzaco y combinó sus estudios con distintos trabajos y emprendimientos para conseguir el dinero para poder viajar a cubrir el Mundial 2026.
La consagración de la Selección Argentina en Qatar 2022 no solo dejó una tercera estrella en la camiseta, sino también miles de promesas grabadas a fuego de cara al Mundial 2026. Una de ellas nació en Burzaco, al sur del Conurbano bonaerense: «El próximo Mundial voy a estar ahí», se juró a sí mismo Bruno Coronel mientras miraba, con los ojos llenos de lágrimas e incredulidad, cómo Lionel Messi levantaba la Copa del Mundo.
Cuatro años pasaron de aquel decreto supremo. Hoy, con apenas 21 años y el título fresco de la carrera de Periodismo en TEA y Deportea, este joven vecino de Burzaco logró transformar la utopía en realidad: armó las valijas, cruzó el continente y se encuentra en Estados Unidos cubriendo la Copa del Mundo 2026 a puro pulmón a través de sus plataformas digitales y redes sociales.
«No puede ser que esté acá, no puede ser que esté viviendo el sueño que anhelé hace cuatro años», confiesa Bruno en diálogo con medios locales, todavía procesando el tremendo logro de estar pisando suelo norteamericano. Sin embargo, el barro previo a la gloria demandó un sacrificio gigante.

Para costear los pasajes, la estadía y los trámites migratorios, el joven de Almirante Brown combinó el estudio con jornadas interminables de trabajo: cortó el pasto de los vecinos del barrio, colaboró en proyectos familiares y tomó la drástica decisión de vender gran parte de su valiosa colección de camisetas de fútbol.
Rosquitas, pan, camisetas… todo por ir al Mundial 2026
En esta odisea, el entorno familiar fue el pilar indispensable. Una porción enorme de las casacas vendidas pertenecía a su hermana Gabriela, quien posee el rango de árbitra internacional FIFA y solía regalarle las indumentarias que recolectaba en las distintas competencias del planeta. Sin dudarlo, ambos decidieron desprenderse de esas reliquias afectivas para sumar billete sobre billete.
A su vez, la economía doméstica ya venía aceitada desde las épocas más duras. Durante el aislamiento por la pandemia, los Coronel habían montado un emprendimiento gastronómico de panificación que se volvió furor entre los vecinos de Burzaco. En el engranaje del negocio, una de sus hermanas cargaba los pedidos del día, sus padres amasaban los panes y las rosquitas caseras, y Bruno salía a pedalear bajo los rayos del sol para repartir las entregas en bicicleta.
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«Mi vieja es la base de todo esto, me apoya en todo lo que hago. No voy a tener nunca las palabras ni el agradecimiento suficiente por todo lo que hizo por mí».
La masividad de sus contenidos mutó de forma insólita. Hoy, mientras camina las avenidas de Miami, son los propios hinchas argentinos quienes frenan a Bruno para retratar un recuerdo. “¿Cómo me van a pedir fotos a mí?», le consulta el periodista a su madre entre carcajadas por teléfono. Los fanáticos se acercan para destacar su cultura del trabajo: «Che, tu vieja es una crack, mandale saludos a tu familia», le repiten en las calles de Florida. «Qué me reconozcan por los videos del pan casero es una locura», reflexiona.
La aventura mundialista ya le pagó con creces el esfuerzo previo. En suelo estadounidense, Bruno tuvo la oportunidad de cruzarse frente a frente con figuras de la talla de Maxi Rodríguez y el uruguayo Diego Lugano. Pero el clímax absoluto llegó al toparse con el dueño de la pelota: el mismísimo Lionel Messi. «Todavía veo el video y no lo creo», relata emocionado.

La secuencia de película se dio en el marco de la Dreams Cup, un certamen juvenil de promesas del fútbol que tuvo su jornada inaugural en las canchas del Inter Miami. Allí participaban, en la categoría Sub-14, Thiago Messi y Benjamín Suárez, los hijos de Leo y Lucho.
Bruno se movió rápido y consiguió la acreditación de prensa para cubrir las alternativas del torneo infantil. «En un momento me di vuelta y a cinco metros estaba Messi», recuerda sobre el shock inicial. Los nervios le congelaron la garganta y no le permitieron emitir sonido para llamarlo. Pese al freno inicial, el milagro ocurrió instantes después, quedando registrado para siempre en la memoria de su celular: «Me saludó. Fue una locura».
A pesar de haber tocado el cielo con las manos, al cronista de Burzaco todavía le quedaba una última batalla por dar en este viaje. Al manejarse con un presupuesto sumamente ajustado, no disponía de entradas para los partidos de la Scaloneta ni posee, hasta el momento, las credenciales oficiales de la FIFA para ingresar a las cabinas de los estadios durante el desarrollo del torneo definitivo.
Sin embargo Bruno fue por más y ya logró «la frutillita del postre»: conseguir el acceso al debut de la Scaloneta en Kansas ante Argelia y luego en Dallas para ver la victoria contra Austria. Y ahora los cañones apuntan al partido con Jordania.
A modo de mensaje para todos los jóvenes de los barrios bonaerenses que la pelean día a día, el periodista dejó una reflexión sobre la persistencia: «Si alguien está leyendo esto, le diría que luche por lo que quiere, que lo pelee hasta el final. Se van a cerrar muchas puertas, porque así es la vida, pero hay que disfrutar el proceso, disfrutar cada día y no bajar los brazos».







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