Berazategui: de vender en el tren a exportar a Estados Unidos, la historia de éxito de la pyme Un Rincón Vegano
Lucía Mariño empezó su emprendimiento por una necesidad personal, ya que no encontraba donde comprar productos veganos. Con la marca ya consolidada, su desafío es instalar en el mercado el alfajor que produce.

Lucía transformó la cocina de su casa en una planta de producción,
En 2014, cuando tenía 18 años y estudiaba Bellas Artes, Lucía Mariño viajaba desde su Berazategui hasta la Ciudad de Buenos Aires con un carrito de compras cargado de medialunas veganas. Vendía en ferias y dejaba mercadería en un restaurante del rubro. Y cuando no lograba vender todo, terminaba rematando los productos en la calle o en el tren para recuperar algo de plata. En ese momento seguro no imaginaba que tiempo después iba a ser la dueña Un Rincón Vegano, una pyme que hasta llegó a exportar a los Estados Unidos.
Cuando empezó, invirtió sólo $700, equivalentes a menos de US$100 de ese momento. Doce años después, la cocina de su casa se transformó en una fábrica de una planta con dos líneas de producción, y Un Rincón Vegano en una pyme familiar que fabrica 1,6 millones de alfajores veganos por año.
Todo nació por una necesidad personal: Mariño dejó de consumir carne y derivados cuando tenía 10 años y, al crecer, empezó a notar que prácticamente no existían productos veganos en la Argentina. “Cuando entré en la facultad, ya un poco más con luz con el tema de emprender, me di cuenta de la carencia que había en el mercado”, explicó.
Los comienzos de la marca de Berazategui
Hoy en día su marca está plenamente consolidada y se vende en dietéticas, supermercados y de manera online, aunque todavía enfrenta una dificultad que considera central: la categoría del alfajor vegano sigue sin consolidarse dentro de la industria tradicional. Por eso su próximo desafío es instalar esa golosina en el mercado.

Si bien ahora su producción está centrada justamente en los alfajores, Mariño supo desarrollar distintos productos dulces veganos. Y las medialunas fueron uno de los primeros: “Las vendía en el tren, con un carrito de compras y me metía en ferias”.
Lo que más recuerda de los comienzos fue que “la gente estaba muy reacia al tema de lo vegano, porque cuando todo esto empezó a ser un boom, nadie sabía bien qué era”.
El cambio se dio a partir de las ferias especializadas. Ahí los consumidores probaban los productos y el boca a boca comenzó a generar pedidos. En ese contexto, decidió abandonar el resto de las preparaciones y enfocarse en un producto más masivo y reconocible para el mercado argentino. “Dije: ‘Bueno, voy a ir por algo tradicional como es el alfajor, focalizarme en lo que quiero hacer’”, recordó.
Los primeros alfajores los hacían de manera artesanal y en volúmenes pequeños. “Vendía el alfajorcito en cajas de empanadas”, contó. La producción inicial era de apenas 24 unidades y el kilo de chocolate que llevó la primera vez su papá le pareció una compra “enorme”.
Así fue el crecimiento de Un Rincón Vegano
Con el aumento de la demanda, la estructura familiar empezó a quedar chica. Mariño trabajaba junto a su mamá y las tareas manuales ya no alcanzaban para sostener el ritmo de producción. La primera inversión importante fue una envasadora. Después llegaron una chocolatera y otras máquinas.

La expansión fue gradual y financiada con reinversión propia. La casa familiar comenzó a transformarse en planta de producción y la construcción avanzó al mismo tiempo que crecían las ventas.
Las obras arrancaron alrededor de 2016, y hoy la empresa tiene galpones con una línea de producción de alfajores y otra dedicada a galletitas, incorporada hace unos dos años. La decisión de sumar esa unidad de negocio surgió después de problemas con la tercerización. “Decidimos hacer todo en nuestra planta. Eso implicó comprar máquinas desde cero”, explicó.
Actualmente trabajan cinco personas, todas integrantes de la familia. La producción todavía no está completamente industrializada, aunque están terminando de instalar un horno túnel industrial para aumentar la capacidad.
Algo que la motiva es enfocarse siempre en nuevos lanzamientos vinculados a tendencias de alimentación. Así, el último desarrollo fue un alfajor integral, sin octógonos, reducido en azúcar y grasas y elaborado con semillas y harina de algarroba. “Siempre vamos con las tendencias e innovando”, señaló con orgullo.
El obstáculo personal que superó
Además de dirigir la producción, Mariño se ocupa de la identidad visual de Un Rincón Vegano. Aunque abandonó la carrera de Bellas Artes, aplicó esos conocimientos en el diseño de envases, fotografías y comunicación: “Encontré otra cosa que me gusta mucho artísticamente, que es el diseño de los envases”.
En paralelo a todos los desafíos del emprendimiento, se le sumó otro aspecto personal: hace tres años recibió un diagnóstico de autismo grado uno, por lo que durante mucho tiempo evitó exponerse o dar entrevistas. “Estoy tratando de esforzarme. Antes no daba la cara ni me mostraba”, relató.
Según explicó, trabajar junto con su familia fue un sostén importante para ella y para el crecimiento de su empresa. “Yo lo hice sin tener nada, sin inversores, sin ayuda ni respaldo económico y me fue bien, pero nunca estuve sola, siempre estuvo mi familia”, remarcó. Y le dejó un mensaje a otros emprendedores: “No tienen que tener miedo, si es su sueño lo tienen que hacer y listo”.







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