De 12 años en las nubes a SchockBA: la historia del tripulante de avión que creó un coloso del helado artesanal en Acassuso
Luciano Barosio dejó su carrera como jefe de vuelo para fundar su heladería. Con una filosofía de servicio y calidad, transformó una esquina de San Isidro en una marca internacional con una sede en Estados Unidos.

Luciano Barosio creó en 2022 la heladería Schock.BA, un reducto gourmet ubicado en el corazón de Acassuso, en Avenida Libertador 15040.
El helado artesanal argentino no es solo un postre y Luciano Barosio lo sabe y también lo demuestra con su heladería SchockBA, nacida en Acassuso. Para este emprendedor –ex azafato de aviones comerciales– es una institución cultural, un orgullo nacional que compite palmo a palmo con el helado italiano y que, para muchos expertos, ya lo ha superado gracias a la calidad de nuestra materia prima y la pasión de sus maestros.
En este contexto de excelencia, la historia de «Lucho» Barosio destaca como un «volantazo» de vida que desafió toda lógica comercial. A sus 45 años, este laburante que pasó gran parte de su carrera «entre las nubes» decidió poner los pies en la tierra y las manos en la crema para crear una de las mejores heladerías del país. La apuesta fue tan fuerte que su propia familia y amigos cercanos intentaron frenarlo, pero el instinto de Barosio fue más fuerte que cualquier advertencia.
La vocación de servicio, la atención al cliente y el armado de equipos estratégicos lo atravesaron siempre. Para Barosio, ser anfitrión es una forma de vida. Por eso, en 2022 creó Schock.BA, una heladería gourmet en el corazón de Acassuso, en Avenida Libertador 15040.

Pese a instalarse muy cerca de grandes cadenas de renombre, la marca se convirtió rápidamente en un clásico de zona norte y la expansión no tardó en llegar. Actualmente cuentan con 7 locales repartidos entre el norte del Conurbano y Barrio Norte, en CABA, e incluso triunfan en el exterior con una sucursal en Michigan, Estados Unidos. El crecimiento no tiene techo: para este 2026 preparan 5 nuevas aperturas en los puntos más «foodies» de la Capital.
La historia de la heladería Schock.BA
Todo comenzó a los 21 años, cuando Luciano se subió por primera vez a un avión como pasajero. Al ver a los tripulantes, sintió una revelación: «Es un laburo re divertido, ganan buena guita… Tengo que ser azafato, tengo que tener ese trabajo ya«, recordó sobre aquel momento. Sin dudarlo, realizó el curso de tripulante y entró en la aerolínea LAN, donde forjó su obsesión por el detalle.
«Cada 6 meses nos daban cursos de atención al público, desde cómo estar parado, cómo vestirnos, cómo mover las manos, todos los detalles. Y eso, lo recontra capitalicé», dice con orgullo quien llegó a ser jefe de vuelo tras 12 años de trayectoria internacional. Sin embargo, el trabajo le empezó a «quedar chico» y la incertidumbre sobre su futuro lo llevó a aceptar la propuesta de la mujer de un amigo para emprender en gastronomía. Aunque le ofrecieron poner una franquicia popular, él sentenció: “Pongamos la nuestra y que sea la mejor”.
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Lo curioso es que Luciano no tenía ningún conocimiento previo sobre cómo elaborar helado. Para compensar esa falta de oficio, decidió realizar una inversión arriesgada: usó todos sus ahorros y vendió su casa para financiar el proyecto. “Contratamos al mejor maestro heladero de Argentina y para mí del mundo, Ariel Segesser, en calidad de asesor externo”, relata Luciano.
Durante un año y medio trabajaron en la identidad de la marca: buscaban un helado artesanal que no empalagara y que fuera, sencillamente, el mejor. Aplicó la disciplina aeronáutica a la fábrica: “Incluso las máquinas se chequean tres veces, como las cosas del avión”, cuenta sobre el rigor en la producción.
El inicio no fue fácil. El local elegido en Acassuso estaba a solo una cuadra de una heladería de culto y rodeado por otros tres gigantes del rubro. Para colmo, el 2020 trajo la pandemia. Lejos de rendirse, Luciano compró heladeras portátiles de telgopor y pasó un año repartiendo delivery de lunes a lunes.

“Me dio la posibilidad de presentarme ante cada cliente que le llevaba el helado, de decirle quiénes éramos, contarle todas las virtudes y maravillas de nuestro helado”, explica sobre aquel marketing de guerrilla que cimentó la fidelidad del barrio. Con el fin de las restricciones, el vecino de San Isidro se apropió de la marca. Para Barosio, el éxito radica en la calidad nacional: “No somos conscientes del buen helado que hay en Argentina. Para mí, es el mejor del mundo. El helado viene de Italia e Italia es nuestro maestro, pero somos el caso del alumno que supera al maestro”.
A finales de 2021, la entrada de nuevos socios inyectó el capital necesario para la expansión corporativa. El local original de Acassuso se mudó a una esquina cuatro veces más grande, convirtiéndose en el flagship store de la marca. Luego llegaron las aperturas en Benavidez, el corredor Bancalari (Euskal Herria Plaza), Pilar, Punta Chica y la Infinity Tower de Vicente López.
Pero el hito más sorprendente fue el desembarco en Birmingham, Detroit. Un argentino residente en EE. UU. probó el helado en Buenos Aires y decidió llevar la franquicia a Michigan. Tras dos años de capacitación, lograron replicar exactamente el mismo producto artesanal en un mercado acostumbrado al helado «soft».

Hoy, Schock.BA se posiciona como una marca 100% argentina y orgullosa de sus raíces. Los locales lucen la bandera nacional y los uniformes refuerzan esa identidad. “Somos una marca que quiere ser embajadora de Argentina en el mundo, que quiere ir a gritar al mundo: Che, tenemos el mejor helado, tienen que probar”, dice Luciano con euforia. La propuesta visual en las bateas es un impacto de cremosidad y colores vibrantes, donde los empleados actúan como anfitriones invitando a los clientes a probar los 36 sabores disponibles.
Entre los favoritos se destaca el «Sambaschock» (sambayón con almendras caramelizadas) y el «Dulce de leche de ensueño», que incluye almendras tostadas bañadas en chocolate blanco. Todo se realiza en su «laboratorio» (fábrica) de forma artesanal: desde el merengue italiano con huevos frescos hasta las frutas compradas en el Mercado Central de Beccar. Sabores exóticos como el manacuyá (banana y maracuyá, apto vegano) o el salty caramel conviven con hitos lúdicos como el “Schockcito”, un mini cucurucho de 60 gramos ($ 8.300) ideal para un gusto al paso.
Un producto estrella es el Schockcito ($ 4.900). Es un mini cucurucho que contiene 60 gramos de helado, ideal para las personas que están indecisas, para quienes se están cuidando o para aquellas personas que no tenían pensado comer y al entrar y la oferta se tientan y se dan el gusto. «¡Fue un hallazgo! Genera ternura, y sorpresa. Satisface a un segmento que no está cubierto y tiene algo lúdico que está buenísimo», le contó Luciano a Clarín.
Con precios que oscilan entre los $ 26.500 el kilo y los $ 9.900 el cuarto, la marca no deja de crecer. Este año se sumarán sucursales en Aeroparque, Belgrano, Caballito, Palermo Hollywood y Chacarita, además de negociaciones para abrir en España, Chile y Uruguay. Luciano Barosio logró lo que parecía imposible: bajar de los aviones para conquistar la tierra, un barquillo a la vez.







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