Los 50 años de Marcelo Gallardo: el chico que prefería los barriletes antes que el fútbol y llegó a River por casualidad
El DT más exitoso de la historia del Millonario pasó más de la mitad de su vida en el club de Núñez. Qué pasó en aquellos días de 1988, cuando lo probaron al pibe de Merlo. El resto es historia más que conocida.

Una imagen de Marcelo Gallardo en las Inferiores de River, club al que llegó con apenas 12 años.
“Qué hubiera pasado si…” es una pregunta recurrente, aplicable a muchos aspectos de la política, las artes, la economía, que resulta especialmente apropiada para el deporte. Así sucede en el caso de Marcelo Gallardo. ¿Qué hubiera pasado si aquel día de noviembre de 1988, cansado ya de una espera prolongada, se hubiera ido de ese casting multitudinario de proyectos de cracks sin siquiera haber pisado la cancha?
Otra hubiese sido la carrera de Gallardo y otro probablemente también el desempeño local e internacional durante esta última década del club donde se formó, debutó en Primera, salió campeón y se consagró como director técnico. Y tal vez no estaríamos este domingo 18 de enero recordando el 50º aniversario del nacimiento de una figura contemporánea insoslayable para River Plate y el fútbol argentino.
Marcelo Gallardo, el pibe al que le gustaban los barriletes
Cuentan los conocedores de su historia, esa que empezó a escribirse en un potrero de la zona más humilde del municipio de Merlo, que el pequeño Marcelo Gallardo prefería remontar barriletes en los descampados que correr atrás de una pelota, esquivando trancazos de los rivales y raspándose las rodillas en alguna caída.
Sin embargo, entre los ocho y nueve años, la opinión mayoritaria de quienes lo habían visto jugar hizo que comenzara a involucrarse más con el fútbol. Y ahí nació una pasión que todavía perdura. El Club Nahuel, de Merlo, fue testigo de sus primeras gestas. Andaba cerca ya de los 13 cuando todavía era hincha de San Lorenzo y se dio la prueba bisagra en el Millonario.

Acudió acompañado por Máximo, su padre, con la misma expectativa que decenas de chicos. Gabriel Rodríguez, el coordinador de las divisiones inferiores, supervisaba los movimientos, ponía y sacaba chicos, registraba con su ojo clínico quién mostraba condiciones para destacarse, hablaba en voz baja con un colaborador.
El Muñeco esperaba su turno, con paciencia infinita. El que parecía haberla perdido era su papá. Un par de veces se arrimó a su hijo y le hizo una seña inequívoca, un “vámonos de acá que no nos dan bola”. Con una serenidad impropia de su edad, Marcelo le pidió quedarse un rato más. Hasta que llegó la orden de Rodríguez: “Entrá vos”.
Los compañeros, en su mayoría chicos que ya llevaban un tiempo en el club, se la hicieron difícil al principio. Lo ignoraban, el balón no le llegaba nunca. Gallardo percibió enseguida la situación y, otra vez con una madurez llamativa, le solicitó a Rodríguez si podía cambiar de equipo. “¿Por qué?”, le preguntó. “Porque no me la pasan”, fue su respuesta.

Bastó una indicación del responsable de la práctica para que las cosas cambiaran y alcanzaron unos pocos minutos para notar que ese muchachito bajo, de físico menudo y panorama grande, era distinto a los demás. “Debe ser uno de los mejores que me tocó dirigir”, asegura aún hoy Rodríguez.
El estreno, las vueltas olímpicas, el pase
Desde 1993, cuando debutó en Primera con Daniel Alberto Passarella como DT, fue todo vertiginoso. Un gol de penal a Boca en la Bombonera en 1994, la participación en el plantel campeón de la Libertadores de América en 1996, un rol protagónico con Ramón Ángel Díaz para los títulos de 1997, el viaje a Europa, las convocatorias de Marcelo Bielsa a la Selección.

Después de un retiro temprano como jugador, sobre todo para los parámetros actuales, arrancó la etapa de director técnico, la más reciente y conocida: Sudamericana 2014, Libertadores 2015 y 2018, Supercopas y Recopas, las eliminaciones a Boca, la definición infartante en Madrid, una seguidilla de éxitos que lo volvieron ídolo de la banda roja.
¿Qué hubiera pasado si Marcelo Gallardo hubiese seguido con los barriletes o si le hubiese hecho caso a un padre fastidiado aquella tarde lejana de 1988?







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