Vélez Sarsfield, River Plate y la final más despareja de la historia del fútbol argentino
Se encontraron en la definición de un torneo Metropolitano que tuvo un ganador demasiado claro. Las enormes diferencias que había entre ambos. Ahora se vuelven a enfrentar, con Guillermo de un lado y Gallardo del otro.

Fillol, Passarella, Luque y Alonso, tres campeones del mundo que brillaban en aquel River.
Boca, campeón de América, e Independiente, campeón del Nacional, terminaron como los equipos argentinos más fuertes de 1978. Xeneizes y Diablos se consagraron después de haber superado a River Plate en instancias decisivas. Naturalmente, en aquellos tiempos de planteles con mucha estabilidad, los tres asomaban como principales candidatos para el Metropolitano de 1979, primer certamen doméstico de ese año.
Con Boca e Independiente metidos de lleno en la Copa Libertadores, donde debieron enfrentarse tres veces para resolver cuál de los dos iba a jugar por un título que acabó en manos de Olimpia de Paraguay, a River se le allanó el camino para ir por la corona local.
El histórico Ángel Amadeo Labruna iniciaba su quinta temporada consecutiva como director técnico del Millonario al mando de una nómina repleta de figuras, incluidos cuatro campeones mundiales con el seleccionado argentino (Ubaldo Matildo Fillol, Daniel Alberto Passarella, Leopoldo Jacinto Luque y Norberto Osvaldo Alonso).

Además, como si le faltara jerarquía en sus filas, trajo de Uruguay a dos de los mejores de ese país: el lateral derecho Alfredo de los Santos y el volante ofensivo Juan Ramón Carrasco, los dos de Nacional. Y de abajo venía empujando un pibito riojano que volaba: Ramón Ángel Díaz.
Dos zonas, muchos goles, una fija, una sorpresa
Los 20 participantes se dividieron en dos grupos de 10 cada uno, con la particularidad de que la Asociación del Fútbol Argentino -contra cualquier recomendación de marketing moderno- decidió no contemplar clásicos en su fixture. River y Vélez Sarsfield, rivales este domingo en Liniers desde las 19.15 por la sexta fecha del Torneo Apertura, coincidieron en la Zona A.
El 11 de marzo se enfrentaron en el Monumental, con victoria 3-2 para los locales. Carrasco, el correntino Pedro González (su segundo nombre es Alexi, sin s) y el santafesino Luque convirtieron para los de La Banda. Omar Roldán y Pedro Larraquy señalaron los tantos del perdedor.
En la segunda rueda, el 6 de mayo en el José Amalfitani, volvió a ganar River, en esa ocasión por 2-1. Alonso y Juan José López marcaron para el Millonario. Nuevamente Larraquy -goleador pese a ser un zaguero o mediocampista central- anotó para un Vélez que carecía de apellidos rutilantes, pero hacía un culto del esfuerzo físico. Ya se empezaba a hablar en el ambiente de los innovadores métodos de su joven PF, el marplatense Julio Santella.

A pesar de aquellas dos derrotas, los de Liniers cerraron la fase clasificatoria con 23 puntos (dos por triunfo) e igualaron la segunda posición con Argentinos Juniors. En el desempate para ver cuál de los dos avanzaba a las semifinales, Vélez arrasó con un categórico 4-0 al equipo del ya deslumbrante Diego Armando Maradona. El Diez y Sergio Elio Fortunato (centro delantero de Estudiantes de La Plata) fueron los romperredes de ese Metropolitano, con 14 gritos cada uno.
River y Vélez, ida y vuelta desparejo por el título
Los cruces de semi enfrentaron al favorito River -primero de la Zona A- con Independiente -segundo de la B- y a Central con Vélez. Los de Núñez dominaron su serie con un espectacular 6-4 global, mientras que los de la V azulada dieron el batacazo al eliminar a los rosarinos (1-0 en el Gigante de Arroyito y 0-0 como locales, con el arquero Julio César Falcioni como gran sostén).
La final, también ida y vuelta, se programó para los domingos 12 y 19 de agosto. River fue demoledor: 2-0 afuera (Rubén Horacio Galletti y González, ambos en el segundo tiempo) y ¡5-1! adentro (Beto Alonso, Emilio Nicolás Commisso, Luque y González por dos).
Fue el primero de los tres títulos consecutivos que obtuvo aquel equipazo de Labruna, que contaba con un poder ofensivo fabuloso y solucionaba cualquier inconveniente en la defensa con los reflejos de un Pato Fillol que, de a ratos, parecía invulnerable.







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