Récord mundial: cuál es la pizzería de Buenos Aires que superó las 200.000 reseñas en Google Maps
Un mítico local de la Avenida Corrientes destrozóm el techo de valoraciones para un negocio de su tipo a nivel global. El fenómeno refleja cómo el clásico ritual del «de parado» se convirtió en una experiencia viral que combina tradición y turismo.

Ubicada en la avenida Corrientes 1368, a metros del Obelisco porteño, la Pizzería Guerrín es noticia por batir un record mundial en Google Maps.
En el corazón de la Ciudad de Buenos Aies, allí donde Corrientes y Uruguay se funden entre carteles luminosos y el murmullo incesante del centro, Pizzería Güerrín acaba de escribir una página inédita en su bitácora. La emblemática casa de comidas superó la barrera de las 200.000 reseñas en Google Maps, posicionándose oficialmente como el restaurante con mayor volumen de comentarios en todo el mundo dentro de la aplicación.
Este número astronómico no es una simple estadística; es una radiografía de cómo consumimos hoy. Si hace décadas el prestigio se construía en la charla de café, actualmente la reputación se define en la pantalla. Las opiniones, los puntajes y las fotos compartidas por los comensales son los que terminan inclinando la balanza para miles de personas que buscan dónde cenar al salir del teatro o dónde hacer una parada rápida al mediodía.
El record de Pizzería Guerrín en Google Maps
Fundada en 1932 por los inmigrantes genoveses Franco Malvezzi y Guido Grondona, Guerrín es un ícono de la pizza porteña al molde en la Av. Corrientes 1368. Con más de 90 años de tradición, destaca por su horno de leña original que nunca se apagó y su alta rotación de 1.500-2.100 pizzas diarias.

El local trascendió hace tiempo su condición de comercio barrial para transformarse en un destino aspiracional. En sus icónicos mostradores y mesas de madera conviven los porteños de pura cepa con contingentes de turistas que llegan con la ubicación marcada en sus celulares. Esta amalgama de públicos es el motor del récord: hay una clientela histórica que revalida su fidelidad y una marea de visitantes que, al descubrirla, sienten la necesidad de recomendarla al mundo.
Hoy, las plataformas digitales actúan como una vidriera global. Muchos viajeros definen su itinerario gastronómico meses antes de aterrizar en Ezeiza, mientras que otros se dejan guiar por el GPS en tiempo real. En ese tablero competitivo, que una pizzería de Buenos Aires encabece el ranking mundial es un mensaje potente sobre la vigencia de nuestra identidad culinaria. Es la confirmación de que la experiencia de «la de muzzarella» es algo que se repite, pero sobre todo, que se desea compartir.
Detrás de cada una de esas valoraciones digitales se esconden relatos humanos. Están las historias de familias del Conurbano que viajan al centro para mantener vivo el ritual, los turistas que llegan por una sugerencia algorítmica y los trabajadores de la zona que la integran a su rutina de cada día.
Ubicada en el epicentro de la vida nocturna, Pizzería Güerrín se mantiene como uno de los máximos baluartes de la gastronomía nacional. Este nuevo hito a escala global no hace más que ratificar una verdad que en Buenos Aires se conoce de memoria: hay instituciones que no solo no pasan de moda, sino que han sabido surfear la ola tecnológica para seguir siendo, ahora más que nunca, un clásico universal.
La historia de la pizza en Argentina y el mundo
La pizza es la única comida que se dice igual en todo el mundo y esa, seguramente sea la mejor demostración de cómo, en menos de un siglo, ese pan plano napolitano se impuso en cada rincón del planeta Tierra. Los chinos la llaman pizza, los sudafricanos la llaman pizza, los iraníes la llaman pizza y así todos… Es el mayor éxito de la cultura italiana moderna y también, un gran exponente de nuestra patria.
Se puede decir que la historia de la pizza empieza hace unos diez mil años, en Jericó –actual Palestina–, con el comienzo de la agricultura y por tanto, de la producción de los primeros panes. Las grandes civilizaciones producían sus panes y con el correr de los tiempos les fueron agregando ingredientes por arriba: hierbas, cebollas, ajos, especias, quesos, mieles, semillas. Pero algo estaba claro: ninguno de ellos calificaba como pizza.
Los registros históricos dan cuenta que la receta de la pizza como se conoce actualmente nació a mediados del 1800 en Nápoles, aunque hay quienes afirman que los romanos, los griegos y hasta los egipcios tenían platos parecidos.

El gran mito de la pizza nace en 1889. La leyenda cuenta que como gesto de buena voluntad luego de la unificación de Italia, la reina Margarita de Saboya y su esposo, el Rey Umberto I, viajaron a Nápoles. Allí fueron agasajados por su rey local, quien contrató al mejor pizzaiolo de la ciudad, Raffaele Esposito. Este les sirvió tres pizzas diferentes: una preparada con manteca de cerdo, otra clásica marinara y una tercera con tomate, queso y albahaca.
La reina Margarita quedó encantada con esta última, tanto por su sabor como por su reminiscencia a la bandera italiana. El pizzaiolo, entonces, decidió que esa pizza debía llevar el nombre de su majestad, creando así, la pizza más famosa y consumida del mundo: la pizza Margarita –madre de nuestra pizza de muzzarella–, la cual, junto con la marinara, son las únicas dos pizzas reconocidas como napolitanas auténticas.

A nuestro país llegó de la mano de los inmigrantes italianos, y su primer desembarco fue en La Boca. Y fue la familia Banchero la que abrió la primera pizzería de la ciudad.
«Mi bisabuelo inauguró la pizzería a inicios de 1932 en Almirante Brown y Suárez. Cuando vino de Génova no existían las pizzerías en Buenos Aires, la pizza se vendía en las panaderías. La crisis económica en Italia era tan grande que la pizza era masa con cebolla y muchas especias. Al llegar acá se encontraron con que era al revés, sobraba todo, entonces empezaron a agregarle queso, tomate y todo eso», contó tiempo atrás a Clarín Diego Banchero, nieto de los pioneros pizzeros del clan.
Por eso a esa familia, con Agustín Banchero a la cabeza como el primer llegado a las pampas, se le atribuye la creación de nuestra clásica fugazza con queso, segunda en el podio de las más pedidas junto a la Napolitana.







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