06 de Julio de 2022

La historia de la deuda que un hincha de Quilmes saldó con una bruja para lograr un ascenso

Quilmes. Deportes
·
21 de diciembre de 2021

Los dirigentes contrataron a una hechicera para que los ayudara a subir a Primera en 1994, pero no le pagaron y se desató un maleficio, con seis chances perdidas: un fanático tuvo que interceder para terminar la racha.

El fútbol es un deporte de cábalas y supersticiones. Quilmes no es la excepción. En 1994, en plena definición del torneo del Nacional B, un grupo de dirigentes del Cervecero contrató a una bruja famosa en la zona sur del Gran Buenos Aires para ayudar al equipo a cumplir el objetivo de volver a Primera. Pero tras un intento fallido y un pago no realizado, la magia se le volvió en contra al club. Y algunos tropiezos de años posteriores lograron acrecentar el mito…

La bruja Dora y el primer ascenso fallido de Quilmes

En 1994, Quilmes competía palmo a palmo contra Gimnasia de Jujuy para lograr subir a Primera. El Cervecero había descendido a la B Nacional dos años antes y soñaba con pegar la vuelta rápido. Fue por eso que una comitiva de dirigentes, con desesperación por el retorno, decidió recurrir a una bruja para que realizara uno de sus denominados trabajos con objeto de mejorar la performance del equipo y, también, sabotear la del Lobo jujeño.

La parte del rival funcionó a la perfección: tras las intervenciones de Dora, Gimnasia perdió 3-0 contra Douglas Haig de Pergamino. Quedaba el partido de Quilmes ante Morón, pero un imprevisto trastocó el escenario… Un petardo lanzado desde la tribuna lastimó a Enrique Zaldívar, futbolista del Gallito, y el encuentro fue suspendido. En ese interín, cuenta la leyenda, los dirigentes decidieron no terminar de pagarle a Dora: el partido no había finalizado aún. Y parece que fue un error imperdonable…

La tumba de la bruja Dora, con las ofrendas del Cervecero.

El encuentro con Morón se reanudó y, ya sin el beneplácito de Dora, Quilmes cayó por 3-2. Quedaban tres fechas más del torneo: el Cervecero no pudo ganar absolutamente ninguna. Ni siquiera logró llegar a través del Reducido a buscar una plaza en Primera. Y así fue la primera consecuencia de la maldición. Vendrían más…

Que las hay… Cinco mano a mano perdidos al hilo

Después de aquel golpe en el 94, a Quilmes le costó volver a ser protagonista. Con un equipo lleno de nombres importantes como el Chapu Braña, el Chori Domínguez y el Máquina Giampietri, el Cervecero se ilusionó nuevamente en el 2000. La primera chance de volver a Primera fue un mano a mano con Huracán: el Globo se impuso por 2-1.

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La segunda fue en el Reducido por el segundo ascenso. Allí, tras eliminar a Atlético Rafaela, se enfrentó con Los Andes por una plaza en la máxima categoría. Y se la llevaron los Milrayitas: 2-0 en Lomas de Zamora y 1-1 de visitante.

Aún quedaba una instancia más en ese torneo: la Promoción frente a un Belgrano que venía de terminar abajo en los Promedios en Primera. Quilmes incluso logró ganar 3-1 el encuentro de ida, haciendo crecer el sueño. Pero, otra vez, el destino y la maldición condenaron a los del Sur: el Pirata cordobés se impuso también 3-1 y, gracias a la casi siempre influyente ventaja deportiva, mantuvo la categoría.

El equipo de Quilmes que logró el ascenso en 2003 y quebró el maleficio.

Al año siguiente, testarudo, Quilmes lo intentó de nuevo. Y, otra vez, la mala suerte estuvo de su lado. Primero cayó ante Banfield, en un duelo marcado por la pica barrial: el Taladro le ganó por un global de 6-3 la final del cuadrangular por el primer ascenso, con un deslumbrante Garrafa Sánchez.

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Y luego, otra vez el fantasma Belgrano se interpuso en su camino: victoria 1-0 en la ida y derrota por el mismo tanteador en la vuelta, con un gol agónico de Julio Mugnaini. En resumen: cinco frustraciones entre 2000 y 2001.

Quilmes y su obsesión: cómo romper una maldición

Ya con tanta pálida, la gente de Quilmes empezó a creer más que nunca que había que arreglar las cosas con la bruja Dora. Un hincha del Cervecero, Rodolfo Acosta, inició una investigación hasta dar con su paradero: la anciana descansaba en paz en el cementerio de Chascomús. «Me acerqué a su tumba y le dije que los hinchas de Quilmes no teníamos la culpa», explicó Acosta años después. Y, además del pedido de perdón, le hizo una promesa: si el Cervecero ascendía, él mismo se iba a encargar de mejorar su tumba.

La tribuna popular visitante del estadio de Ferro, repleta de hinchas del Cervecero.

Finalmente, tras años de amargura y gravitante la actuación de Acosta, Quilmes lo logró: consiguió el Ascenso de la mano de Gustavo Alfaro en 2003, con Agustín Alayes y Leandro Desábato en la zaga central. Y el cumplidor Rodolfo Acosta, por supuesto, honró su promesa: decoró la tumba de la bruja Dora con los colores del Cervecero y se encargó de visitarla periódicamente. Creer o reventar, la maldición dejó de estar presente en el Sur.

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