Cerró una línea de colectivos histórica del Sur del GBA: 500 trabajadores a la deriva e incertidumbre por sus ramales
La empresa El Nuevo Halcón deja de operar por deudas millonarias y venderá su terminal de Quilmes. Los vecinos de Florencio Varela y Solano temen por la continuidad del servicio que llega hasta Constitución.

La línea 148 de colectivos fue fundada en 1943. Era un emblema del transporte público del Sur del Conurbano.
Los vecinos del Sur del Conurbano bonaerense que se trasladan diariamente a la Ciudad de Buenos Aires atraviesan una situación de profunda incertidumbre tras el anuncio del cierre de la línea 148 de colectivos, un servicio vital que conecta Plaza Constitución con San Francisco Solano y Florencio Varela, atravesando también el distrito de Quilmes.
La prestataria, El Nuevo Halcón, enfrenta desde hace meses una asfixiante crisis económica y conflictos gremiales derivados de una deuda con sus 500 empleados, que incluye el aguinaldo de diciembre y los salarios de los primeros meses de este año.
«La empresa ya no tuvo manera de sostenerlo. Todo viene a raíz de los subsidios y las compensaciones que se recortaron», sostuvo Leonel, uno de los delegados del personal, al explicar los motivos del colapso de la firma.

En diálogo con Crónica TV, el delegado señaló que, debido a la complejidad de la línea y sus múltiples ramales, es poco probable que una sola compañía asuma la operación completa: «No la van a poder agarrar completa, tiene que ser dividida entre varias».
Futuro incierto por el cierre de la línea 148 de colectivos
La situación salarial de los trabajadores era un punto crítico, con básicos de 1.300.000 pesos que llegaban a los 1.600.000 pesos con viáticos, montos que hoy están impagos. La angustia no es solo económica sino también identitaria para quienes formaron parte de la empresa durante décadas.
«El Halcón se siente de verdad. Muchos compañeros lloraban cuando escuchaban que el Halcón ya murió, que lo van a dividir y que ya no va a ser más el Halcón», relató Leonel sobre el impacto emocional del cierre de una de las flotas más reconocibles del Conurbano.
Para intentar saldar los compromisos con los trabajadores, la empresa decidió poner en venta su terminal ubicada en la avenida 12 de Octubre 3610, en Quilmes. En cuanto al futuro de los recorridos, el Grupo DOTA ya presentó una propuesta ante la Secretaría de Transporte: la idea es que la empresa San Vicente opere los ramales hacia Solano, mientras que Expreso Quilmes asuma los destinos hacia Varela.

Bajo este esquema, unos 380 trabajadores podrían conservar sus puestos, aunque la continuidad está sujeta a la regularización de las deudas previas. En paralelo, la firma Misión Buenos Aires (vinculada al grupo Metropol) también manifestó interés en algunos servicios hacia Florencio Varela, aunque otros recorridos secundarios que conectan con Quilmes aún no tienen definición y podrían quedar fuera del sistema en la reestructuración.
Este escenario de achique en el transporte público no es un caso aislado. En septiembre pasado, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ya había eliminado la histórica línea 90, fusionándola con la 151 bajo el argumento de «mejorar la eficiencia y operatividad del servicio». En aquel entonces, el cambio obligó a los pasajeros a adaptarse a nuevos ramales para unir Constitución con Saavedra o el Barrio 21/24.
La 148 fue fundada en 1943, naciendo como una sociedad de responsabilidad limitada. En un principio, los vehículos llegaban hasta el Puente Pueyrredón, justo en el límite entre jurisdicciones, pero luego se extendió a Constitución, tomando carácter de nacional. Si bien para 1995 la firma fue declarada en quiebra, un conjunto de firmas pasaron a encargarse de cumplir con el itinerario.
Microómnibus Quilmes, Microómnibus Sur y Expreso Vía Galicia tomaron la concesión, aunque ya tres años después se hizo cargo El Nuevo Halcón, la compañía que continuaba el legado. Anualmente, pasan casi 15 millones de personas por las unidades y se calcula que tiene una flota de 100 rodados. Por eso la caída de «El Halcón» marca un hito doloroso para el transporte del Sur, dejando a miles de usuarios pendientes de una resolución administrativa que garantice que, aunque cambie el nombre en el cartel, las unidades sigan llegando a las paradas de los barrios más alejados.







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