Peligra el gimnasio solidario del Roña Castro en Temperley y sus hijos buscan dónde continuar su obra
Apenas un día después de la muerte del excampeón mundial, su familia recibió una orden judicial para desalojar el local que funcionaba como gimnasio, depósito y centro de distribución de alimentos.

Jorge "Roña" Castro, con alimentos no perecederos que les entregaba a vecinos de Temperley.
A poco más de una semana de la muerte de Jorge “Roña” Castro, otra noticia volvió a poner en duda el futuro de la enorme red solidaria que el excampeón mundial había construido en el Conurbano. Sus hijos deberán dejar el gimnasio de Temperley que durante los últimos años funcionó no solo como lugar para entrenar boxeo, sino también como centro de acopio y distribución de alimentos para miles de personas.
La notificación judicial llegó apenas 24 horas después del fallecimiento del exboxeador, ocurrido el 14 de octubre. El local está ubicado en Eva Perón 4730, en el barrio San José, y allí todavía permanece almacenada mercadería junto con los elementos de entrenamiento utilizados por Castro y sus hijos para dictar clases. La orden obligó a suspender la habitual entrega de alimentos de los viernes y abrió una pregunta que la familia todavía intenta responder. Dónde trasladar una estructura que abastecía a 14 comedores, nueve merenderos y alcanzaba semanalmente a unas 6.000 personas.
Nahuel Castro, uno de los hijos del Roña, aseguró que la intención es continuar con el trabajo de su padre. “Mi idea era seguir, darle para adelante como se pueda”, explicó. Ahora buscan un nuevo lugar en zona sur que pueda funcionar al mismo tiempo como gimnasio, depósito y centro de distribución.
El conflicto por el local de Temperley
Castro había firmado en noviembre de 2019 el contrato para alquilar el inmueble. Clarín publicó que según relató la propietaria, identificada como Natalia, el vínculo se mantuvo sin mayores conflictos durante los primeros años e incluso durante la pandemia decidió no cobrarle el alquiler. Su hermano llegó a participar de las ollas populares que se organizaban allí.
La situación habría cambiado cuando la dueña decidió vender la propiedad. De acuerdo con su versión, a partir de entonces comenzó a acumularse una deuda de alquiler que se remontaría a diciembre de 2024. La mujer sostuvo que intentó resolver el problema antes de recurrir a la Justicia y remarcó que el proceso de desalojo había comenzado mucho antes de la muerte del excampeón.

También aclaró que su reclamo apunta exclusivamente a recuperar el inmueble y que todas las pertenencias almacenadas dentro del gimnasio pertenecen a los hijos de Castro. Nahuel ya mantuvo una reunión con la propietaria y sus abogados para acordar cómo avanzar con el retiro de los elementos.
La familia necesita ahora encontrar rápidamente un espacio donde trasladar toneladas de alimentos, equipamiento deportivo y toda la logística que sostenía las entregas semanales.
De gimnasio de boxeo a una red que alimentaba al Conurbano
El cierre amenaza justamente al lugar donde comenzó la faceta solidaria que terminó marcando los últimos años del Roña. Castro había abierto el gimnasio con la idea de enseñar boxeo y generar un espacio que ayudara a chicos y jóvenes a mantenerse alejados de la calle y del consumo problemático. Pero pocos meses después llegó la pandemia y las restricciones obligaron a cerrar la actividad deportiva.
Las bolsas de boxeo dejaron entonces lugar a las ollas. Primero comenzó a cocinar para familias del barrio y después empezó a repartir mercadería. Con el tiempo, distintos comedores y merenderos de Lomas de Zamora y otros distritos se sumaron a una red que tenía al gimnasio de Temperley como base operativa.
Castro se involucraba personalmente en esa rutina. Los martes se levantaba de madrugada para ir al Mercado Central a buscar mercadería y viajaba prácticamente todos los días desde Morón hasta Temperley para cocinar, organizar las entregas o dar clases. Los viernes, miles de personas pasaban por el lugar para retirar un plato caliente o alimentos.
Con los años, también había advertido un cambio entre quienes pedían ayuda. Ya no llegaban solamente familias con chicos. Cada vez aparecían más jubilados y adultos mayores que no podían cubrir sus gastos mensuales. “Ahora no vienen los pibes, viene la gente grande”, había contado al hablar de personas de 70 años que se acercaban porque la jubilación no les alcanzaba.







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