Simón Bodnar, de Tapiales a Independiente y la Selección de Hungría: la increíble historia del pibe descubierto en un juego de la Play
El delantero del «Rojo» vive un presente de película. Un fanático húngaro lo encontró «viciando» al Football Manager y hoy el pibe de La Matanza ya mete goles en Europa, mientras sueña con el debut en el Libertadores de América.

Simón Bodnar, delantero de 18 años de Independiente, fue citado en 2025 a la Sub 19 de Hungría gracias a un juego de la PlayStation.
El destino, ese que a veces parece encaprichado con las historias más inverosímiles, le terminó tirando un centro a la cabeza a un juvenil de Independiente. Simón Bodnar, un pibe que se crió pateando la redonda en el Club Cultural de Tapiales, en La Matanza, nunca imaginó que un mensaje directo por Instagram, enviado desde la cuenta de un videojuego, se transformaría en el pasaporte directo para vestir la camiseta de la Selección de Hungría.
No es ficción ni una jugada preparada de marketing: es la realidad de un delantero de 17 años que hoy divide su tiempo entre los entrenamientos en Villa Domínico y los viajes transatlánticos para defender los colores de la tierra de sus antepasados.
Hijo de dos guardavidas y forjado en el baby fútbol de La Matanza, Bodnar es el primer futbolista argentino convocado por el conjunto húngaro bajo una modalidad que rompe todos los esquemas del scouting tradicional. «Fue muy rara la situación. Me encontraron a través de un jueguito que ni siquiera yo sabía que estaba. Se juega en todo el mundo y casualmente un húngaro lo estaba usando, me encontró, vio mi apellido, que es bien húngaro, y le llamó la atención», relató Simón con la frescura de quien todavía no cae del todo, en una charla con el medio partidario Campanas del Infierno.

El pibe, que llegó a las infantiles de Independiente a los siete años, hoy es una de las fijas en la Reserva, donde ya suma más de una veintena de presentaciones y realiza la pretemporada con el sueño de dar el salto al plantel profesional.
Simón Bodnar, de Independiente a Hungría vía Play
Detrás de este hallazgo no hay un ojeador con piloto y anotador en la tribuna, sino un fanático llamado Szilárd Bank. A finales de 2024, Bank estaba desempleado y, con el tiempo libre que da la falta de laburo, se sentó frente a su computadora para dirigir a la selección de Hungría en el simulador Football Manager. Su objetivo era casi artesanal: detectar «manualmente» futbolistas con doble nacionalidad en las ligas de Sudamérica.
Así fue como se topó con el perfil de Bodnar. El apellido le hizo ruido enseguida, ya que en Hungría es muy común y hace referencia a una antigua profesión de fabricantes de barriles. Al cliquear en el perfil del jugador de Independiente, Bank vio la bandera húngara junto a la argentina y notó que sus atributos técnicos eran excepcionales para un pibe de su edad.
«Sus perfiles eran muy buenos. Después de investigar un poco en internet, empecé a pensar que podría ser un desconocido para la Federación Húngara. Contacté a Simón por Instagram y a un miembro de la federación», recordó Bank, quien hoy trabaja como administrador en un hostel de Budapest y ya se cruzó con el pibe en persona.
La carambola tecnológica fue posible gracias a Lisandro Machado, el scout oficial del juego en Argentina, quien en julio de 2023 le había pedido a Bodnar que completara un formulario para aparecer en la base de datos del simulador. El pibe aceptó de onda, sin saber que ese «Dale, no tengo problema» le cambiaría la carrera para siempre. «Ni yo sabía que existía. Por suerte le respondí. Podía pasar de no contestar», admitió Simón.
El impacto de la noticia no solo sacudió Avellaneda, sino que llegó hasta Berazategui, en el sur del Conurbano. Allí vive András Bodnar, el abuelo de Simón, un hombre de 81 años que nació en Szeged, a 174 kilómetros de Budapest. András llegó a la Argentina a los 14 años, escapando de la devastación de la Segunda Guerra Mundial junto a su familia, buscando un futuro con lo puesto. Hoy, el abuelo se quiebra y llora de emoción cada vez que ve las fotos de su nieto con la indumentaria de entrenamiento de Hungría. Es el cierre de un círculo familiar que empezó con el exilio y hoy florece en una cancha de fútbol.

En lo estrictamente deportivo, el debut de Bodnar en Europa fue inmejorable. Citado para la Sub 19 en 2025, el delantero ya disputó tres partidos: sumó minutos ante Bulgaria y Francia, pero su noche de gloria fue ante Islas Feroe. En ese encuentro, marcó un gol clave para la victoria 3-0 que le dio a Hungría la clasificación a la ronda de élite para la Eurocopa de la categoría, que se disputará en marzo.
El pibe de Tapiales no solo se adaptó al fútbol rápido y asociado del Viejo Continente, sino que se ganó los elogios de su «descubridor». «Es uno de los mejores jugadores del equipo. Espero que nos encontremos en el Puskás Aréna en el futuro, cuando juegue con la selección mayor», vaticinó Bank.
La adaptación no fue fácil, pero Simón se las ingenió con un inglés básico y la ayuda de un director técnico que hablaba español, lo que facilitó la comunicación táctica. «Me sorprendió el juego allá: juegan muy asociado, mucho en equipo y muy rápido. Me gustó ese estilo«, comentó el atacante, quien ya está en el radar del entrenador para los próximos compromisos de agosto. A pesar de las luces de la clasificación europea y el revuelo internacional, el pibe mantiene el eje. Sabe que su presente está en Domínico y que cada entrenamiento con la Reserva es un examen para convencer a Gustavo Quinteros, el DT de la Primera de Independiente.
“Uno siempre tiene objetivos y desde hace un tiempo que el mío es jugar para la Primera de Independiente. Trabajo para ir en ese camino y estas cosas que me están pasando las disfruto y ojalá me ayuden a sumarme al plantel de Primera”, sentenció Bodnar.
Para el pibe que salió del baby del Cultural, el camino está marcado: llevar la bandera de Tapiales y el apellido de su abuelo lo más alto posible, ya sea en el césped del Libertadores de América o en las modernas arenas de Budapest. El fútbol, como el Football Manager, a veces tiene esos «bugs» maravillosos que terminan convirtiendo a un pibe de barrio en una estrella internacional.







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