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Reparte pedidos de Rappi en silla de ruedas por Morón: «Me inculcaron que tenía que hacer una vida normal»

Morón. Buenos Aires. Sociedad
·
10 de enero de 2026

Leonardo Soria tiene 40 años y una enfermedad de bebé, sumada a una mala praxis, le impidieron caminar. Ahora reparte pedidos entre Morón y San Fernando.

La historia de Leonardo Soria (40) es uno de los tantos relatos de superación de la Argentina, pero esto no tendría que ser algo que deje de conmover o sorprender. Su esfuerzo y tenacidad destacan en las calles de Morón: reparte pedidos de Rappi en silla de ruedas y asegura que “la discapacidad no es un impedimento para poder avanzar”.

El hombre habló con el medio Primer Plano Online y allí contó que una meningitis que sufrió cuando era bebé, sumado a mala praxis médica, le impidieron caminar. Alentado por su actual pareja comenzó a trabajar en los repartos y no se victimiza: «Me inculcaron que tenía que hacer una vida normal«. En sus Redes sociales (IG @leo.soria18), muestra parte de su vida diaria y cómo trabaja.

Leonardo Soria, Morón
Leonardo Soria, el repartidor de Rappi que recorre las calles de Morón en silla de ruedas

Soria reparte sus días entre su casa de San Fernando y la vivienda de Antonella, su pareja desde hace un año, que vive en Morón. Llega de un lado al otro en tranporte público con su silla de ruedas y, cuando los tiempos le dan, trabaja en ambos distritos repartiendo en su silla.

Leonardo no muestra queja alguna a su condición. Quizás sí se embronca contra muchas de las veredeas que no están del todo preparadas para transitar en su condición.

Trabajador de Rappi en silla de ruedas: entre Morón y San Fernando

«En ambos distritos se da de alta de acuerdo a sus tiempos en la aplicación de Rappi, a donde se anotó hace un mes para sumar unos pesos extras a su economía, sustentada en una pensión por discapacidad permanente», destacaron en el medio que lo entrevistó.

«Si la vida te da limones, hacé limonada”, reza el dicho popular que tiene una profundidad enorme para reflexionar. Este podría aplicarse a la filosofía de Leo, como le gusta que le digan: no se queja de lo que le tocóa vivir.

Nació en el Hospital Naval y, a la semana de vida, le diagnosticaron meningitis. Pero eso no fue lo peor: “Me hicieron una punción lumbar y me tocaron un nervio de la columna. Después de muchas operaciones me confirmaron la imposibilidad de caminar. Fue mala praxis y terminó siendo mi núcleo familiar la clave para seguir adelante”, rememoró.

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Fue su familia la que lo alentó a no limitarse por su discapacidad: «Me inculcaron que tenía que hacer una vida normal», sentenció, a pesar de las limitaciones obvias de no poder caminar.

«Una incapacidad motora no te debe detener. Fui a la escuela, a los 15 años empecé en colonias y también a hacer deportes: jugué 21 años al básquet adaptado y viajé por varias provincias y países”, detalló.

Su familia, antes y ahora, siempre un apoyo clave. Leo tiene un hijo de 15 años y su mujer otros dos (18 y 12 años), y juntos son lo que ahora se dice una «familia ensamblada» que, según sus palabras, se llevan «bien entre todos”.

Repartir pedidos de Rappi, una alternativa para ganar más

Durante su vida supo trabajar en la ONG Cilsa con campañas de concientización de ponerse en lugar del otro «como por ejemplo tirar a un aro de básquet desde una silla de ruedas», destacó. También vendió seguros para una empresa, en la que lo despidieron el año pasado.

Desde ese entonces no volvió a conseguir trabajo, y fue su mujer la que lo alentó a que comience a trabajar como delivery. Siempre miraba a los jóvenes que iban y venían en bicicleta, y la mujer creyó que Leo podía hacerlo con su propia tracción a sangre, y sumar dinero al mes.

«Vos que sos rápido, deberías intentarlo«, le dijo su mujer. Y él se atrevió. «Compramos la mochila y me lancé a hacer los repartos. Evalúo cuáles son las entregas que me conviene a hacer, así que todo eso lo estoy conociendo y viendo qué es lo mejor para mí”, reconoció.

En la nota, Leonardo rechazó ser un ejemplo de superación, no se sintie cómodo en esa posición por ser discapacitado. «Hago lo mismo que cualquier persona, pero en silla de ruedas: eso es lo que me diferencia”, afirmó.

Actualmente percibe 300 mil pesos por su pensión de discapacidad, y en las primeras experiencias como repartidor llegó a juntar unos $100 mil con el delivery, un pocco más del 30% de ingreso mensual.

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Aún no puede elegir qué los pedidos los entregue él, pero sí hay más chances de que los pueda tomar si se marca la opción «bicicleta», en donde está anotado. «Cuántos más repartos tenés, más vas sumando puntos y podés tener más pedidos. Yo por ahora estoy en la categoría Plata: el próximo paso es Diamante y ahí hay más posibilidades de que salgan entregas».

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