A 30 años del inolvidable gol de José Luis Chilavert a River: la teoría de la otra “mano de Dios”
El 22 de marzo de 1996, el arquero paraguayo metió un zurdazo de 60 metros para hacer historia. Todo lo que no se dijo de aquella noche en el estadio José Amalfitani y los duelos que Chila tuvo con Germán Burgos.

El festejo de José Luis Chilavert en el estadio José Amalfitani tras meter el mejor gol de su carrera.
Un futbolero puede preciarse de veterano, entendido y detallista si recuerda fecha, personajes y circunstancias del gol que José Luis Chilavert le convirtió a Germán Adrián Ramón Burgos (entre tantas diferencias, coincidían en el puesto y los nombres largos) hace ya 30 años, en el estadio José Amalfitani. Por más que las imágenes de cualquier partido en el lugar más remoto del mundo desborden el almacenamiento de celulares y computadoras, aquella acción permanece nítida en la memoria de quienes la vieron en vivo y directo.
También, por supuesto, fue un hito en la carrera de sus protagonistas, con Chilavert como héroe y Burgos en el papel de villano. “Estaba mirando los pajaritos”, fue el primer comentario del paraguayo después de su proeza. Luego se apiadó del colega derrotado: “A cualquiera le puede suceder”. Y años después le agregó una cuota de misticismo a su formidable remate desde atrás de media cancha: “Dios metió la mano para cambiarle el rumbo a ese balón, porque iba hacia el palo derecho y terminó en el centro del arco”.
Un clásico de los 90: José Luis Chilavert vs. Burgos
El Vélez de Carlos Bianchi y el River de Ramón Díaz fueron actores destacados de la década del 90. Ganadores repetidos de los torneos cortos de entonces, supieron extender su dominio a toda Sudamérica, levantaron Libertadores y Supercopas -cada uno con su estilo- y generaron una fuerte identificación entre sus hinchas. El Fortín sacó una ventaja con la Intercontinental 94.
El fixture del Clausura de 1996 los enfrentó en la tercera fecha, el viernes 22 de marzo. Había llovido durante los días previos y el campo de Liniers empezó a tener más barro que pasto a los pocos minutos de que rodara la pelota. Juan Andrés Gómez, zaguero central de corto paso por el Millonario, adelantó al visitante a los 29 minutos del primer tiempo.
Fernando Daniel Pandolfi igualó a poco de iniciado el segundo período. A los 22, cuando parecía que los dos no veían con malos ojos el empate, Enzo Francescoli (había metido los tres de River en la jornada anterior, para un 3-0 a Belgrano de Córdoba en el Monumental) le cometió una infracción al lateral Raúl Cardozo.
Mientras el uruguayo auxiliaba al Pacha Cardozo para que se incorporara, desde el borde del área empezó a correr Chilavert. Habrá sido fuerte, muy fuerte, el grito que pegó porque sus compañeros se corrieron y Carlos Mastrángelo (el árbitro, quien esa noche se retiraba de la actividad) atinó a agacharse, no fuera cosa que lo impactara de lleno un pelotazo justo en su despedida.
Chilavert ya había ofrecido contundentes muestras del poder y de la precisión de su pegada. Su tiro libre, desde aproximadamente 60 metros, voló como un misil teledirigido y aterrizó en la valla del sorprendido Burgos, cuya caída le agregó espectacularidad a la conquista. Hoy hubiera habido una catarata de memes y burlas en las redes sociales.

Vélez acabó por llevarse el triunfo, 3-2, en un final sumamente emotivo. Hernán Crespo niveló a los 41 minutos y el jujeño Marcelo Herrera, más conocido por su apodo Popeye, sentenció el resultado cuando ya se disputaba tiempo adicional (o tiempo recuperado, para honrar una de las célebres frases del relator de aquel partidazo: Marcelo Araujo).
Chilavert vs. Navarro Montoya, otro duelo
Como si fuera mínimo ese logro, Chilavert le añadió otra hazaña a su brillante actuación en el Clausura de 1996. Convirtió por duplicado (un penal y un tiro libre magnífico, desde el límite del área grande) en un espectacular y polémico 5-1 de Vélez ante Boca en la fecha número 13. La víctima en ese caso fue Carlos Fernando Navarro Montoya, otro que nunca comulgó con los modos agresivos de José Luis.
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Con el respaldo de semejante arquero, un funcionamiento colectivo aceitado, el desequilibrio ofensivo de Pato Camps y el Turu Flores, la exigente preparación física del Profe Santella y el pulso maestro del Virrey, antes de emigrar a Roma, Vélez se quedó con aquel certamen y redondeó el ciclo más glorioso de su historia.







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