La tragedia de la familia de Ramos Mejía que perdió a su hijo e impulsa la «Ley Joaquín» para exigir arcos de fútbol especiales
Joaquín tenía 12 años y murió aplastado por un pesado arco sin amurar al piso. Sus padres ahora luchan para que haya controles semestrales y el anclaje obligatorio de esas estructuras en clubes y escuelas del país.

En enero pasado, Joaquín Gatto, de Ramos Mejía, jugaba con un grupo de exploradores en Junín de los Andes cuando una estructura cayó sobre su cuerpo. Dos días después falleció por las heridas provocadas por el impacto. Hoy sus padres impulsan la "Ley Joaquín".
Joaquín Gatto tenía 12 años, era vecino de Ramos Mejía y su vida estaba llena de proyectos. El pasado 3 de enero, cargado de ilusiones, partió desde La Matanza junto al grupo de Exploradores Argentinos de Don Bosco (EADB) con destino a Junín de los Andes, Neuquén.
Lo que debía ser un tiempo de juegos y amistad terminó en una tragedia que hoy moviliza a todo el arco político y social: mientras jugaba con sus amigos en el predio de la «Casa Salesiana», se colgó de un arco de fútbol que no estaba anclado al suelo. La pesada estructura se le vino encima de forma violenta, impactando directamente contra su pecho. Tras luchar por su vida durante dos días, Joaquín falleció el 5 de enero, dejando un vacío inmenso pero también una misión para sus padres: que no haya ningún otro chico que pase por lo mismo.
El accidente ocurrió apenas un día después de su llegada al campamento. Joaquín, que fue de los primeros en armar su carpa, estaba disfrutando de la tarde cuando el arco, que carecía de fijación, se desplomó.

El golpe le causó heridas internas de extrema gravedad, provocando el aplastamiento de sus pulmones y su corazón. Aunque lograron reanimarlo tras un paro cardiorrespiratorio inicial, la falta de oxígeno resultó en una muerte cerebral irreversible.
«Ese día nos llamaron por teléfono, yo estaba llegando de mi trabajo y mi marido estaba en casa, le dije: ‘Joaquín tuvo un accidente’. Eran las dos de la tarde, y el accidente ocurrió más temprano. Conseguimos vuelos separados y recién pudimos viajar a la tarde noche. Yo llegué a las dos y media de la mañana para ver a mi hijo», relató Serena, su mamá, en diálogo con Clarín, sin poder contener las lágrimas al recordar la emoción de su hijo por aquel viaje.
A pesar de la tragedia, Joaquín se convirtió en un héroe: sus riñones fueron donados a dos nenes y sus córneas a otros dos chicos, transformando su partida en una oportunidad de vida para otros. Sin embargo, para sus padres, el duelo es una herida abierta que solo podrá sanar parcialmente si logran que se sancione la Ley Joaquín.
La iniciativa surge de la alarmante repetición de estos casos; apenas en octubre pasado, otro nene de ocho años murió en circunstancias idénticas en el Club Argentino de Quilmes. “Le gustaba ser arquero o delantero pero no estaba yendo a fútbol estos últimos meses. Comenzaba este año otra vez pero ya no se puede. Es muy difícil seguir, es el dolor más terrible que existe”, confesó Serena.

La madre de Joaquín destacó que, a pesar de la negligencia que llevó a que el arco estruviera así, ella confiaba plenamente en los organizadores: «Los chicos iban acompañados por jóvenes que son los organizadores, y también los acompañaron algunos papás. Yo estaba tranquila porque era el segundo año que Joaquín iba de campamento y estuvo cuidado por ellos todo el año. Era un campamento muy preparado, estuvieron tres años organizándolo, pero no pensaron en los arcos… nadie pensó en eso. Joaquín fue a un campo recreativo, en donde estaba todo controlado menos el arco», explicó. Actualmente, la escuela reconoció la negligencia y permanece cerrada, mientras el caso avanza en manos de abogados.
La muerte de Joaquín Gatto y la «Ley Joaquín»
El proyecto de la Ley Joaquín busca establecer una normativa de cumplimiento efectivo en todo el territorio nacional, atacando el problema desde tres ejes fundamentales:
- Obligatoriedad de anclaje: Todos los arcos de fútbol en predios públicos y privados (clubes, campamentos, escuelas, plazas o potreros) deberán estar amurados al suelo de forma permanente.
- Protocolos de inspección: Se exigirán controles y certificaciones de seguridad con una periodicidad mínima de seis meses.
- Sanciones: El establecimiento de responsabilidades legales específicas para quienes no acaten la medida de seguridad.
«Queremos una ley efectiva a nivel nacional que controle el tema arcos porque no es costoso anclar un arco. Los controles deben ser mínimamente semestrales y estrictos. Esto va a salvar vidas», enfatizó Serena.
A un mes del accidente, Bastián Jerez fue operado por novena vez y su madre fue citada a declarar
Por su parte, Adrián, padre del nene, remarcó que se trata de un ciclo que debe cortarse de forma urgente: «En 2020, 2021 y 2022 hubo casos. Son tres casos mortales en tres años, este momento es para cortar un ciclo, puede traer concientización para que dure más de un tiempo. Todos fuimos chicos, yo también me colgué de un arco, pero es algo completamente evitable. Ya sea que se renueven para un evento o por determinada acción, los arcos tienen que estar boca abajo o anclados al piso», concluyó.

Joaquín estaba a días de cumplir 13 años la semana que viene. Era el único hijo de la pareja y el motor de una familia ensamblada que hoy pide el apoyo de toda la sociedad para que esta ley sea una realidad.
Para sumar apoyo o brindar acompañamiento en esta lucha, la familia puso a disposición sus teléfonos de contacto: +54 9 11 3137-0015 (Serena) y +54 9 11 5850-3020 (Adrián). El objetivo es claro: que el nombre de Joaquín sea el último que se asocie a una tragedia tan injusta como evitable.







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