Conmoción en Nordelta: el Vaticano condenó a un cura por abuso y le prohibió acercarse a los chicos
Es Damián Rodríguez Alcobendas. El Obispado de San Isidro pidió perdón a la víctima y anunció restricciones perpetuas para el clérigo, que fue una figura central en la vida religiosa y educativa del barrio privado de Tigre.

El cura Damián Rodríguez Alcobendas, conocido dentro de la diócesis como "padre Damián", fue durante muchos años una figura de gran visibilidad social y religiosa dentro de la comunidad de Nordelta. El Vaticano lo condenó por abuso sexual.
En una resolución que marca un punto de inflexión para la Diócesis de San Isidro y el lujoso desarrollo privado Nordelta, en Tigre, ese Obispado anunció oficialmente esta mañana que el Vaticano confirmó la culpabilidad del cura sanisidrense Damián Rodríguez Alcobendas en la causa por abuso sexual contra un menor.
La decisión final estuvo a cargo del Colegio para el Examen de los Recursos en Materia de Delitos Graves de la Santa Sede, organismo que analizó la apelación presentada por el presbítero en el marco del proceso administrativo penal canónico iniciado en su contra. Tras un exhaustivo análisis de las pruebas y el historial del caso, el tribunal eclesiástico rechazó el recurso del acusado, ratificando la sentencia previa y cerrando así el camino de las impugnaciones internas dentro de la Iglesia católica.
De esta manera, la máxima autoridad de la Iglesia confirmó la condena del sacerdote en el denominado «delito grave contra el sexto mandamiento cometido con un menor». Esta carátula, bajo el derecho canónico, refiere de manera técnica a una falta extrema de índole sexual cometida por un clérigo contra un niño o adolescente.

El fallo del Vaticano no solo ratifica la autoría de los hechos, sino que establece penas severas que buscan apartar de manera definitiva a Rodríguez Alcobendas de cualquier contacto con ámbitos educativos o de formación. Entre las sanciones confirmadas se destaca la «prohibición perpetua para el ejercicio de todo oficio eclesiástico y de cualquier función directiva o administrativa en ámbitos parroquiales, seminarios e institutos vinculados a los mismos».
La sentencia es contundente respecto al futuro del ahora condenado dentro de la estructura eclesial. El sacerdote ya no podrá desempeñar oficios que dependan de autoridades eclesiásticas ni ejercer la docencia en áreas teológicas o pastorales, un punto sensible dado su pasado como referente en instituciones de enseñanza.
Asimismo, se le prohíbe terminantemente recibir cualquier tipo de encargo relacionado con tutorías o asesoramiento de menores de edad en cualquier ámbito, sea este religioso o civil. El organismo interviniente estableció, además, la pena de prohibición de cinco años para el ejercicio público del ministerio sacerdotal, lo que implica que no podrá celebrar misa ni sacramentos de cara a la comunidad.
Sobre este punto, desde el Obispado de San Isidro informaron que “se le ha impuesto un precepto penal disponiendo que, en caso de incumplimiento de la pena aplicada, se lo sancionará con la dimisión del estado clerical”, lo que en la práctica significaría su expulsión total del sacerdocio.
A pesar de la contundencia de la justicia canónica, los delitos por abuso sexual contra menores denunciados no habrían tenido el mismo recorrido en la justicia penal ordinaria. Según trascendió de fuentes judiciales, los casos presentados habrían prescripto debido al paso del tiempo desde que ocurrieron los hechos hasta que se radicó la denuncia formal, lo que impidió una condena en los tribunales bonaerenses.
Sin embargo, la resolución del Vaticano aporta un reconocimiento oficial al daño sufrido por la víctima, algo que la comunidad religiosa del corredor norte venía reclamando desde que se conocieron las primeras acusaciones contra el clérigo.
Quién es el condenado cura Damián Rodríguez Alcobendas
Damián Rodríguez Alcobendas, ampliamente conocido dentro de la diócesis como «padre Damián», fue durante muchos años una figura de gran visibilidad social y religiosa. Se desempeñó como párroco de la Parroquia Sagrada Familia de Nordelta y ocupó el cargo de capellán en varios de los colegios católicos más exclusivos ubicados dentro del complejo urbanístico de Tigre.
Su perfil mediático alcanzó un pico de exposición durante la Semana Santa de 2020, en pleno aislamiento por la pandemia. En aquel entonces, las imágenes del sacerdote recorriendo las calles de los barrios privados en una camioneta 4×4 para bendecir a los vecinos se viralizaron rápidamente. También generó controversia en aquel momento su pedido de limosnas mediante transferencias bancarias, argumentando la imposibilidad de los fieles de asistir a los templos por la cuarentena.
Poco tiempo después de aquella exposición, la denuncia por abuso sexual a un menor salió a la luz y generó un cimbronazo en la estructura de la diócesis que conduce monseñor Guillermo Caride. Tras la denuncia, Rodríguez Alcobendas fue desplazado de su cargo en Nordelta y enviado como capellán al convento de Pacheco de la Congregación de las Hermanas Siervas de María, mientras el proceso canónico avanzaba hacia las oficinas de la Santa Sede en Roma.

En el comunicado emitido esta mañana, el Obispado sanisidrense fue explícito en su pedido de perdón: «Expresamos nuestra cercanía con la víctima de este delito grave. Le pedimos perdón por el dolor y la herida que ha padecido, y le aseguramos nuestro compromiso y oración por su vida», manifestaron las autoridades diocesanas.
La Iglesia local también buscó llevar un mensaje de transparencia al resto de los fieles de la zona. «Extendemos esta cercanía a todas las víctimas de abuso, reafirmando nuestra disposición permanente a escuchar, acompañar y actuar con responsabilidad y respeto, trabajando con firmeza para que prevalezca el cuidado de cada persona en nuestra diócesis», agregaron en el documento que, según se informó, será leído en las próximas semanas en todas las parroquias del partido de San Isidro para asegurar que la información llegue a cada banco de los templos locales.
El documento oficial detalla que el Colegio para el Examen de los Recursos comunicó la decisión directamente al obispo Caride, subrayando que la culpabilidad es un hecho probado y definitivo para la Iglesia.
La confirmación de que el «padre Damián» no podrá volver a estar frente a un aula ni tener contacto con menores de edad busca llevar tranquilidad a las comunidades educativas de Nordelta y alrededores donde el sacerdote tuvo una influencia directa durante décadas. La resolución vaticana pone fin a una de las causas más dolorosas y seguidas por los vecinos del norte del Conurbano, dejando en claro que, aunque la justicia civil encuentre barreras en los plazos legales, la institución eclesiástica ha decidido aplicar sus penas máximas ante la gravedad de lo ocurrido.







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