09 de Diciembre de 2021

La historia de la figura en un ascenso de Tigre que le dio el nombre a una hinchada en Italia

San Fernando. Deportes
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21 de noviembre de 2021

Ernesto Cucchiaroni fue un crack que integró el equipo de Victoria que subió a Primera División en 1953. Lo transfirieron a Boca y dio el salto a Europa, donde la Sampdoria tiene a Tito entre sus máximos ídolos históricos.

No hacía falta pronunciar su nombre completo para identificarlo. Alcanzaba con decir apenas Tito para saber que se trataba de Ernesto Bernardo Cucchiaroni, gloria de Tigre, veloz y potente wing zurdo, de breve y destacado paso por Boca y la Selección, campeón en Italia y finalista de la Copa Europea con Milan, ídolo cumbre de Sampdoria y, todavía hoy, el deportista más importante de los nacidos en la provincia de Misiones.

Tito Cucchiaroni nació en Posadas el 16 de noviembre de 1927. Apto para diversas disciplinas, eligió el fútbol por sobre el básquet, la natación y el boxeo. Amaba el deporte, tanto que los padres, preocupados por su educación, lo internaron como pupilo en el Colegio Religioso de los Hermanos Maristas de Entre Ríos. No duró mucho: regresó a su provincia y emprendió nuevamente el camino atlético, por el que empezó a jugar al fútbol en el club Bartolomé Mitre y llegó a la selección de Misiones.

Tito Cucchiaroni llega a Tigre

En un partido con un equipo misionero en el Gasómetro de San Lorenzo llamó la atención de dirigentes porteños. Fue Tigre el que lo incorporó. Se sumó en 1949, cuando un éxodo de figuras les abrió las puertas de Buenos Aires a muchos jugadores del Interior, y permaneció en el club hasta 1954. Boca, campeón ese año con récord de recaudaciones, pagó una fortuna por su transferencia. Con el criterio administrativo de otras épocas, la dirigencia de Victoria decidió invertir gran parte del pase para remodelar y ampliar el estadio José Dellagiovanna.

Cucchiaroni con Cándido González, en la tapa de El Gráfico.

El Matador descendió en 1950. No fue buena la campaña de 1951, pero se recuperó en 1952 y quedó al borde del regreso. Lo postergó, por apenas un punto, Gimnasia y Esgrima, que aquel año cambió su histórica denominación de La Plata por la de Eva Perón (fallecida el 26 de julio). En 1953, con dos fechas de antelación y dejando segundo a Atlanta, Tigre obtuvo el ascenso. Cucchiaroni, al cabo de esas tres temporadas, disputó 85 partidos y anotó 33 goles.

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Camiseta azul con cuello, puños y bolsillo rojos, pelo escaso y engominado, bigote prolijamente corto, Cucchiaroni llegó a la tapa de la revista El Gráfico, una distinción mayúscula para quienes no formaban parte de algunos de los grandes. En Tigre llegó a compartir formaciones con Héctor Adolfo de Burgoing, otro atacante de origen misionero y destino europeo que ya fue retratado en Zonales.

En Boca, el misionero jugó sólo un año y dio el salto a Europa.

En épocas de abundancia de delanteros, fue meritorio para Ernesto haber sido convocado al seleccionado argentino. Con la albiceleste fue campeón sudamericano en Chile, en marzo de 1955, al lado de los grandes artilleros de Boca y River, José Borello y Ángel Labruna.

El Xeneixe compró pase del atacante posadeño en una cifra millonaria, lo suficientemente importante para que Tigre pudiera realizar una obra que todavía perdura en el estadio de la ciudad de Victoria: la platea techada que se puede observar en cada transmisión televisiva, y que le confiere un aspecto de coliseo del fútbol inglés.

Cucchiaroni, con la camiseta de Sampdoria, y Enrique Omar Sívori, figura en Juventus.

En el 55 se produjo su debut oficial en Boca. Tuvo asistencia perfecta en las 30 fechas y, con una decena de tantos, fue el máximo goleador del equipo, clasificado tercero. Se recuerda especialmente su actuación en un 4-0 ante River (el campeón en ese certamen), en cancha de Racing. Un video de la televisión española registra algunas escenas de aquel superclásico, desarrollado un mes antes del Golpe de Estado de la Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón.

Ernesto Cucchiaroni pasa a Europa

Durante la segunda mitad de la década del 50, superados los traumáticos años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el fútbol italiano empezó a recomponerse y a fortalecer su competencia con extranjeros. Milan incorporó al sueco Nils Liedholm, al uruguayo Juan Schiaffino -autor de uno de los goles de la Celeste en el inolvidable Maracanazo- y a los argentinos Ernesto Grillo y Cucchiaroni.

Los Ultras de la Sampdoria con el nombre de Tito Cucchiaroni.

Al margen de que no desentonaba en un plantel poblado de estrellas, donde también se destacaba el patriarca Césare Maldini, Milan aceptó desprenderse de él y cederlo a Sampdoria. Ahí, en Génova, Cucchiaroni alcanzó su esplendor. Entre 1958 y 1963 sumó 138 presencias y 40 tantos con los tricolores. Aún en la actualidad, hinchas del club ondean en el estadio Luigi Ferraris banderas que lo homenajean con las iniciales UTC: Ultras Tito Cucchiaroni.

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Como tantos colegas, Tito decidió incursionar en la dirección técnica luego de su retiro como jugador. Dirigió en Almagro y Huracán antes de retornar a Misiones para hacerse cargo de Guaraní Antonio Franco. Logró llevarlo al Nacional de 1971, pero inesperadamente un infarto acabó con su vida. Tenía apenas 43 años y no pudo darse el gusto de ver a un club de su provincia compitiendo contra los grandes. En Tigre lo tienen como uno de los grandes cracks que visitó la camiseta del Matador.

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